Francis Kéré gana el premio Pritzker 2022

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El primer africano en lograr el máximo galardón de la arquitectura destaca por sus construcciones sociales y sostenibles. En 2018 el Museo ICO dedicó al arquitecto burkinés una gran retrospectiva que recordamos en la siguiente entrevista publicada en Descubrir el Arte

La Fundación Hyatt ha concedido el Premio Pritzker de 2022 al arquitecto burkinés Francis Kéré, que se convierte en el primer africano en recibir esta distinción. El galardón, otorgado anualmente desde 1979, está dotado con 100.000 dólares (91.000 euros). La 44 ceremonia del Premio Pritzker tendrá lugar en el Marshall Building de Londres.

Nacido en Gando en 1965, Kéré emigró a Alemania donde estudió arquitectura para convertirse después en emblema de la construcción social y sostenible. Gando es un poblado de uno de los países más pobres del mundo, Burkina Faso, pero logró una beca para estudiar en Berlín, donde se formó y donde acabó abriendo su propio estudio de arquitectura.

Francis Kéré, retratado por César González. Arriba, en la imagen de apertura, fotografía de Mercedes Peláez, 2018.

Su obra está profundamente enraizada en su país natal, pero hace uso de elementos y principios universales que permiten insertarla en contextos tan diferentes como el de su ciudad de adopción. Autor de una arquitectura ejemplar en el empleo de recursos limitados y técnicas sostenibles, este burkinés se ha convertido en el líder de una nueva generación de arquitectos que, según comentó en 2018 Luis Fernández-Galiano, está “empeñada en hacer el mundo mejor trabajando para los que menos tienen”.

En 2018, con motivo de la retrospectiva que le dedicó el Museo ICO, Descubrir el Arte visitó la exposición junto a Francis Kéré. A continuación presentamos el artículo-entrevista que publicamos sobre el arquitecto ahora premiado.

¡Ziba, Ziba!

Todo el mundo quiere a Diébédo Francis Kéré. Este arquitecto burkinés, “el más famoso de África”, según la frase acuñada que condensa la fascinación de Occidente por su vigorosa obra de arquitectura, parece haber nacido con una estrella de generosidad que ilumina con acierto su trayectoria y vida esforzadas. Su luz seductora ya nos alcanza y ha comenzado a alumbrar con nitidez un camino de imaginación y de cordura que parte de la disciplina arquitectónica más austera para dirigirse al conjunto de la sociedad contemporánea, demasiado aturdida por las malas artes de la vida fácil.

Kéré saltó a la fama en 2004 al recibir el Premio Aga Khan de arquitectura por la humilde escuela primaria que había levantado tres años antes en su pueblo natal de Gando. Fue su ópera prima, que conjuga sencillez, funcionalismo y belleza y permanece grabada en la retina de quienes aprecian el extraordinario mérito de Kéré al haber logrado financiar y construir una obra sincera, casi mística, en las condiciones de precariedad más absolutas.

Deuda sentimental

Levantar la escuela en su aldea, que a día de hoy carece todavía de agua y electricidad, supuso para Francis Kéré un gran éxito personal.

Cumplía con una deuda sentimental contraída en la infancia consigo mismo, que convertía en responsabilidad, hacia el resto de los niños de su pueblo, la fortuna de haber sido el primero en ser alfabetizado en Gando. Alentado por su padre, que era el jefe del poblado, había abandonado casa y familia para asistir a la escuela en Uagadugú, cursar carpintería y salir becado hacia Berlín, donde se tituló como arquitecto en la Universidad Técnica y fundó en 2005 la oficina Kéré Architecture.

Ahora es profesor en las escuelas más prestigiosas de arquitectura, habla alemán, inglés, francés y burkinés, y demuestra una nobleza de carácter a la que contribuye sin duda la intención imperativa de su primer nombre de pila. En lengua burkinesa, el apelativo Diébédo quiere decir “el que viene a arreglar el mundo”. El significado quedó desvelado por el arquitecto Luis Fernández-Galiano con ocasión de la exposición monográfica Francis Kéré. Elementos primarios de la que fue comisario en el Museo ICO de Madrid y autor de un magnífico libro que sirve de catálogo.

La muestra constituyó uno de esos acontecimientos irrepetibles en el campo del proyecto arquitectónico. Imprescindible de visitar y conocer a fondo, permitió valorar el modo en que Kéré está cambiando el rumbo de la arquitectura bajo su influencia poderosa y honesta. Él mismo ha diseñado un montaje expositivo inédito que evidencia la manera en que el autor, en su doble condición de africano y europeo, es capaz de combinar magistralmente la tecnología contemporánea del metal y la madera con los métodos vernáculos de la construcción con adobe de su tierra.

Montaje de la exposición monográfica Francis Kéré. Elementos primarios en el Museo ICO de Madrid en 2018.

En la planta baja, se exhibieron las obras de Kéré bajo un blanco luminoso, ceñidas por ligeros armazones metálicos que enlazan primorosas maquetas, fotografías y dibujos sobrios. Más arriba, al ascender a la planta alta, se descubría en la penumbra un espacio arquitectónico memorable, fuertemente contrastado y lleno de notas de color. Sugiere ser el corazón nocturno de una aldea burkinesa a tamaño real, ocupado en su centro por una de las hermosas formaciones arborescentes que representan para Kéré el árbol que cobija la conversación en África.

El árbol de las palabras

En este lugar emblemático, Francis Kéré recibe a Descubrir el Arte y acepta posar para la cámara. Lo hace ante el fondo del poético “Árbol de las palabras”, que ha traído en esencia a Madrid desde sus proyectos para el Pabellón Serpentine y el Parlamento burkinés. Kéré es alto, elegante, de porte fino muy esbelto, y se acomoda delicadamente, con pulcritud, en uno de los dos estrados que circundan el tronco bajo el paraguas estrellado del árbol. La plataforma elegida como asiento está armada por una soberbia masa de palos cilíndricos, atornillados entre sí, que excavan concavidades al variar su altura. Detrás, varias bambalinas intermitentes rodean la escena formando la plaza del árbol y, tras ella, una calle perimetral de ronda. Hay tendidas telas estampadas escogidas en África por él mismo, bloques azules del Serpentine y tapiales fabricados in situ por los alumnos de la escuela de arquitectura ETSAM de Madrid. En los intersticios, la escenografía se prolonga más allá de la ronda, hasta desvanecerse en el lejano horizonte imaginario de varias fotografías colosales que reproducen en perspectiva espacios de absoluta belleza construidos por Kéré.

Para completar la escena rural de aldea africana, un gallo canta en off su metódico quiquiriquí mientras la cámara dispara el retrato de Kéré. Después, el arquitecto invita a seguir la conversación en la salita superior, que ha destinado a depósito de modelos, maquetas de construcción, muestras de materiales y herramientas, entre las que se incluye la maza de madera con la que su madre bate el barro. Una larga mesa, plagada de libros expuestos y rodeada de cómodas sillas diseñadas ex profeso, sirve de improvisado centro de reuniones.

Montaje de retrospectiva Francis Kéré. Elementos primarios que pudo contemplarse en el Museo ICO de Madrid en 2018.

Kéré rememora su niñez, agradece a sus padres la fortuna de saber leer y escribir, y recuerda que al volver a Gando deseaba sentirse involucrado en las tareas locales. “Es importante transmitir cuántas cosas se pueden llegar a realizar juntos, si todos trabajamos por lo mismo”, explica, mirando de frente, cuando es preguntado por la habilidad de que se sirve para involucrar a las familias, a los hombres y mujeres de todas las edades, en la construcción de las infraestructuras que promueve en su poblado. “¡Ziba, Ziba!”, exclama en idioma burkinés silbando la zeta, después de meditar unos instantes, al pedirle las palabras de ánimo que pronuncia en las obras. “Haz tu duro trabajo”, significa. “No habrá más oportunidades. Te estoy animando a que te esfuerces y des lo mejor de ti mismo”.

Por delante de occidente

“Mucha gente sigue diciendo que todo es malo en África y entonces no te apetece estar allí”, se queja al trasladarle la favorable impresión personal producida por la muestra Making Africa, de la que formó parte en 2015, que demostraba que los artistas africanos se han adelantado a Occidente, anclado todavía a las viejas vanguardias y sus secuelas rebeldes. “Sí, estoy de acuerdo –responde–, es importante que personas como usted hablen de la creatividad, de la capacidad del continente africano”. “Dibujo poco”, afirma al señalar la escasez de sus dibujos. “Pienso la arquitectura en mi cabeza y luego la ejecuto con las manos. Aunque esto es solo en parte verdad. No hago muchos dibujos, pero enseño el proceso de cómo hacemos las cosas. Eso es lo importante”.

¿Se debe a que Burkina Faso está formado por artistas? Ustedes han creado el arte senufo y el balafón…? “Es un país de artesanos –responde Kéré–. Pero no saben leer y escribir, así que tienes que ejecutar las cosas físicamente”. Y “sí, ¡cantan, y bailan en las obras!”, confirma. “Las mujeres, cuando ejecutan el suelo de arcilla, bailan y cantan y parece una fiesta. La música es parte del trabajo, el ritmo conecta a la gente”.

“Oh, gracias”, responde alegre a la pregunta de si es consciente de asistir a una etapa milagrosa en Gando y en su país y proponerle valorar los cambios que el futuro traerá a su pueblo. “Los niños en el colegio, o si un periodista o la televisión francesa les pregunta por sus sueños, dicen que quieren ser Francis Kéré. Me he convertido en un profeta, estoy seguro de que seguirán mis pasos. ¡Estoy seguro!”.

Héroe Nacional

El proyecto del Parlamento burkinés en Uagadugú ha elevado a Kéré al nivel de héroe nacional, y reconoce que “mucha gente en Burkina Faso quiere ser arquitecto, no solo en Gando. ¡Quiero que mi hija sea arquitecto!, me dicen”. En cuanto al inicio de las obras, “estamos esperando. En un vuelo me encontré con el ministro de Asuntos Exteriores y me preguntó lo mismo. ¡Vosotros sois el Gobierno!, le dije. El hecho es que la idea del Parlamento es una inspiración para la gente y quiero que dé la bienvenida, que sea abierto. Ellos quieren tener el edificio y ser lo que representa. Se sienten enriquecidos… aunque la política es lenta”.

Montaje de la muestra monográfica Francis Kéré. Elementos primarios en el Museo ICO de Madrid en 2018.

Kéré responde con decisión a una pregunta comprometida sobre las migraciones hacia Europa que causan tragedias terribles en el Mediterráneo. “Hay que estar juntos”, declara. “Es un problema difícil. En Europa están sorprendidos de que haya tanta gente viniendo y no saben qué hacer y los populistas solo presionan para conseguir el poder… Pero a los populistas ni siquiera les importa la gente europea, solo les preocupa su propio poder. Hay que encontrar la manera de promover y de apoyar proyectos como los que hago en África. En mis edificios hay jóvenes, muy fuertes, que están todos los días a pie de obra. Aunque el trabajo no les permita alimentar a su familia o ganar dinero, están trabajando allí con ilusión y no vendrán a Europa. Occidente, honestamente, puede promocionar este tipo de trabajo mediante fondos destinados al desarrollo y empujar a los africanos a construir su propio futuro. Pero después, tenemos que decirle a la gente la verdad… Ya sabéis, Europa es buena pero vuestra tierra también lo es, ¡construyámosla juntos!”.

Mercedes PELÁEZ LÓPEZ

*Artículo publicado originalmente en el nº 237 de Descubrir el Arte.

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