Carmen Mora desafía la concepción tradicional del retrato

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Bajo el título Tensiones, la artista Carmen Mora (Madrid, 1985) presenta en la calle Piamonte 1 de la capital española un conjunto de esculturas realizadas tras indagar profundamente sobre las líneas de tensión facial que investigó a mediados del XIX el anatomista Karl Lange.

A diferencia del retrato academicista que busca la identidad estática, Carmen Mora redimensiona los pliegues y desplazamientos de la piel provocados por las emociones vividas. Sus piezas son, en esencia, retratos de la piel: formas que se sitúan en el punto de fricción entre la permanencia de la estructura y la transformación constante del gesto.

Desde una concepción que explora la piel como frontera, Mora invita al espectador a entender la escultura como una extensión visible de lo emocional, donde cada gesto y modulación del rostro funcionan como registro de una memoria íntima y vital.

Podemos entender la piel como una de esas realidades que, dentro del mundo material, resultan difíciles de definir por la condición híbrida dentro de la que operan. La piel pertenece simbólicamente a esa familia de nociones fronterizas —o , al menos, en permanente indefinición— que describen una forma de ser y de estar a caballo entre una cosa y otra. Como si se tratara de la cabeza de Jano, la piel se orienta simultáneamente hacia un lado y hacia su contrario: su mirada se posa sobre el adentro y el afuera del cuerpo sin llegar a demorarse demasiado en ninguno de los dos. Por eso no sería justo hablar de la piel como mera superficie , del mismo modo que tampoco lo sería considerarla un revestimiento interno. Quizá sea precisamente en esta encrucijada —que la sustrae del reino de lo interior y la mantiene al mar gen del mundo exterior— donde podamos hallar una significación más próxima a su verdad.

En su ya consagrado Ornamento y delito (1908), Adolf Loos nos habla del individuo papú que lleva tatuados en la piel los mismos motivos ornamentales que decoran su barca, con el fin de introducirnos en su concepción del diseño . Según el autor , el diseño —entendido como el conjunto de los objetos y artefactos creados por el ser humano— es capaz de hablarnos de un mundo que no vemos pero al que remite y del que intenta ofrecernos indicios para formarnos una idea lo más fidedigna posible de su realidad. Ese mundo, nos dice, es el del alma. Por ello, para Loos no es casual —y menos aún lo sería para subjetividades que conciben el mundo como un entramado pleno de sentido, como la del papú— que la piel sea uno de los soportes privilegiados de la identidad personal. Sobre ella recaía la responsabilidad de ser, junto con los demás bienes materiales del papú (su casa, su remo, su canoa), una extensión visible del alma en la superficie.

Aunque la intención de esta primera teoría del diseño fuera más bien la de criticar el ornamento como adorno superfluo, sirvió para establecer una relación directa entre lo más recóndito del ser y su coraza exterior. En otra disertación que remite a la piel como lugar de tránsito entre el adentro y el afuera, el anatomista Karl Langer había predicho, medio siglo antes de la publicación de la obra de Loos, que la piel sigue un entramado interno: una suerte de mapa no dibujado, pero intuible, que determina su configuración y que subyace, por ejemplo, a la formación de las arrugas o a la expresión de nuestros gestos.

Es en esta idea de la piel como lugar capaz de exteriorizar el adentro y de hacer propio el afuera donde encontramos las esculturas de Carmen, en su posibilidad de ser entendidas como retratos de la piel. Durante los últimos meses, la artista se inspiró en el rostro de Julita —quien fuera propietaria del espacio expositivo provisional23, para el que inicialmente se habían concebido las piezas— y tomó sus líneas de tensión facial como punto de partida para construir estos volúmenes que, como ocurre con la piel misma, funcionan como lugares de tránsito para las emociones: arrugas, hendiduras y modulaciones del gesto entendidas como depósitos de memoria de un continuo vital.

Al contrario que en la idea tradicional del retrato, no se busca representar una identidad en su conjunto, sino redimensionar las variaciones y repeticiones de los gestos, de aquello que en la expresión se pliega, se curva o se desplaza como consecuencia innegable de las emociones vi vidas. Las líneas de Carmen son gestos reiterados, en su condición de acción y mo vimiento , y al mismo tiempo son la misma superficie sobre la que se repiten las emociones. En las líneas de las pieles que Carmen amplía y luego esculpe quedan el registro de la negociación entre interior y exterior, entre estructura y forma, entre alma y superficie, y así cada línea se sitúa en ese punto de fricción entre permanencia y transformación.

En esa oscilación constante entre lo que aparece y lo que desaparece, entre lo que se fija y lo que insiste en moverse, la piel se revela nuevamente como aquello que no pertenece del todo ni al adentro ni al afuera, sino a la continuidad indeterminada de esa linde que separa.

Pedro Huidobro

Carmen Mora (1985) es una escultora cuya práctica se centra en la exploración de los límites del cuerpo y la representación de lo intangible a través de la materia. Su trabajo ha sido reconocido por su capacidad para traducir conceptos filosóficos y anatómicos en formas volumétricas de gran carga poética y emocional.

Pedro Huidobro, gestor cultural y galerista del espacio Provisional, desarrolla una labor marcada por la sensibilidad hacia los procesos creativos contemporáneos y el diálogo entre arte, pensamiento y emoción. Como autor del texto curatorial de la exposición Tensiones de Carmen Mora, Huidobro acompaña el recorrido de la artista desde una mirada introspectiva que profundiza en el conocimiento de las emociones y en la huella emocional y física que estas dejan sobre el cuerpo y la memoria.

La coordinación y estrategia de la exposición las ejecuta TAC7, consultora estratégica de arte especializada en el crecimiento e internacionalización de artistas y legados de artistas. A través de su visión global y personalizada, acompaña procesos de expansión profesional que potencian la identidad, la visibilidad y el valor cultural de cada proyecto artístico.

La coordinación de los eventos de presentación y preview de Tensiones las lleva a cabo El Tintero Eventos, agencia especializada en la producción de experiencias culturales y de marca.

El proyecto cuenta, además, con la mirada sensible de Mónica de la Mora, fotógrafa que documenta y testimonia cada etapa del montaje , convirtiéndose también en testigo cercana del recorrido y proceso de la artista.

Tensiones, Carmen Mora

C. Piamonte 1, Madrid

Hasta el 7 de junio

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