Pascual Capuz, un pionero de las artes gráficas en los albores del siglo XX

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Hay artistas cuya obra pertenece a un tiempo concreto y otros cuya trayectoria permite comprender toda una época. Pascual Capuz (Valencia, 1882-Barcelona, 1959) se encuentra entre estos últimos. Pintor, dibujante, ilustrador y cartelista, desarrolló una producción diversa en la que convivieron la tradición académica, la cultura gráfica y las nuevas corrientes decorativas que transformaron el arte europeo durante las primeras décadas del siglo XX.

Formado en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, Capuz se trasladó a Barcelona en 1907. Fue allí donde, según la documentación conservada por el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, desarrolló especialmente su actividad como ilustrador, cartelista y dibujante. Su trayectoria permite acercarse a un periodo en el que las fronteras entre las llamadas bellas artes y las artes gráficas comenzaban a hacerse más permeables. El dibujo, la ilustración, el grabado y el cartel adquirieron una creciente presencia en la vida cotidiana y se convirtieron también en espacios de experimentación estética. La importancia de Capuz también reside en su relación con las artes gráficas. Su trabajo se desarrolló en un momento en el que revistas, publicaciones ilustradas, carteles y otros soportes impresos ampliaban enormemente el campo de actuación de los artistas.

Joven con perro, por Pascual Capuz, aguada sobre cartón, 1901, Museo de Cerámica González Martí.

En aquel momento, el dibujo dejó de ser únicamente una disciplina preparatoria para convertirse en un lenguaje con autonomía propia. La ilustración permitió, además, establecer una relación directa entre creación artística y sociedad. En este contexto, la trayectoria de Capuz adquirió una dimensión especialmente interesante: su obra no puede entenderse únicamente desde la pintura, sino desde el conjunto de una cultura visual que estaba cambiando rápidamente.

Ahora, una exposición en el Museo del Realismo Español Contemporáneo (MUREC) repasa en Almería su notable trayectoria.

Pascual Capuz Mamano (1882-1959) nació en Valencia en el seno de una familia de larga tradición artística. La saga de los Capuz, de procedencia genovesa, se documenta en la ciudad desde mediados del siglo XVII, destacando fundamentalmente como tallistas y escultores. Pascual Capuz era el hermano mayor del escultor José Capuz, uno de los grandes renovadores de la escultura española de los inicios del siglo XX. Pascual, por el contrario, optó por el dibujo y la pintura. El escoramiento historiográfico que hasta hace poco han recibido los profesionales de la ilustración gráfica y el cartelismo ha mantenido su nombre muy en la sombra y hasta el presente apenas se han realizado muestras que den a conocer su creación con cierta amplitud.

Pascual inició su formación en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, pero continuó su formación en Barcelona. Como alumno de la Escuela de Artes y Oficios y Bellas Artes de Barcelona obtiene en la clase de dibujo del natural durante el curso de 1907 el premio ordinario de la Escuela y el extraodinario del Ayuntamiento de Barcelona, ciudad donde se establece definitivamente y despliega la casi totalidad de su actividad artística.

Retrato de su esposa, por Pascual Capuz, aguada sobre cartón, 1901, Museo de Cerámica González Martí.

Capuz pertenece a esa generación de artistas inquietos, atentos a los cambios de gusto y capaces de trabajar indistintamente en el ámbito de la pintura, la ilustración, el cartel o la prensa. Barcelona le permitió entrar en contacto con una gráfica más moderna y con un ambiente artístico más exigente y permeable a las corrientes internacionales. Desde joven, Pascual Capuz había comenzado a hacer incursiones en el arte de la caricatura con trabajos que dejan ya apreciar expresivas imágenes entrecortadas y geometrizadas características de su primera época.

Ya en sus primeros años, Pascual mostró interés por la caricatura y por las posibilidades expresivas de una línea rápida, sintética y dinámica. En Barcelona comenzó a trabajar para la editorial Seix y Barral, pero fueron sus colaboraciones en revistas satíricas y culturales las que le proporcionaron una mayor popularidad. Entre ellas destacan especialmente L’Esquella de la Torratxa y Papitu, dos publicaciones fundamentales para comprender la evolución del humor gráfico y la ilustración en la Barcelona anterior a la Guerra Civil.

La trayectoria de Capuz se desarrolla en un momento de profunda transformación de la sensibilidad artística. En torno a 1908, el modernismo había alcanzado una plena madurez, pero comenzaban también a surgir nuevas vías de ruptura con la estética finisecular. Su dibujo se distancia progresivamente de la línea ornamental y sinuosa característica del modernismo para adoptar una expresión más fragmentada, sintética y dinámica.

Cartel para la Caja de Ahorros Provincial de la Diputación de Barcelona, por Pascual Capuz.

En 1909 obtuvo una Medalla de Bronce en la Exposición Regional de Valencia, uno de sus primeros reconocimientos públicos. A partir de 1916 el artista valenciano desarrolla con más intensidad la vertiente de cartelista. Los concursos de carteles comerciales y festivos se prodigan por toda España y Capuz es un nombre presente en muchos de ellos, siendo numerosos los premios y reconocimientos que obtiene en las diversas convocatorias que se presenta.

La consagración plena de Capuz como ilustrador y cartelista a nivel nacional tiene lugar cuando obtiene una primera medalla en la sección de Artes Decorativas de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924. Un año después participa con éxito en la Exposición Internacional de París de 1925 donde consigue una medalla de oro. La exposición parisina es conocida por ser el escaparate internacional desde el que triunfa y se populariza el llamado estilo Art Déco, pero este estilo no suponía entonces novedad alguna para Capuz, que ya se movía desde hacía años por senderos afines.

Esposa del pintor, por Pascual Capuz, aguada sobre cartón, 1901, Museo de Cerámica González Martí.

Capuz fue también un pintor especialmente dotado para el retrato, aunque el desarrollo de su pintura al óleo se mueve en un ámbito más privado. Si se comparan los dibujos con algunas escasas pinturas de la primera época se aprecia una distancia notable entre el dibujante y el pintor. Mucho de sus retratos o pinturas intimistas de género tienen a su mujer como modelo. Son también numerosas las pinturas de tipo costumbrista que plasma al óleo, así como escenas de la vida frívola y mundana nocturna con figuras elegantes a la moda, sobre las que gravita su particular expresionismo de los años veinte.

La recuperación de Pascual Capuz obliga a reconsiderar el mapa de la modernidad artística española. Durante demasiado tiempo la historia del arte ha separado a los grandes pintores de los profesionales de la ilustración, como si la modernización de la cultura visual hubiera sido patrimonio exclusivo de la pintura de caballete. El caso de Capuz demuestra lo contrario: significa recuperar algo más que el nombre de un artista valenciano para acercarnos a una generación que vivió la transformación radical de la cultura visual española y europea.

El creador valenciano se movió entre disciplinas y soportes. Su obra demuestra que el arte de su tiempo no se encontraba exclusivamente en los grandes formatos pictóricos o en las salas de exposiciones. También estaba en el dibujo, en el grabado, en la ilustración y en el cartel.

En tiempos en los que la comunicación visual ocupa prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida, recuperar a artistas como Pascual Capuz adquiere un interés particular. Su trabajo recuerda que la relación entre arte, diseño, comunicación y sociedad no es un fenómeno reciente, sino una historia que comenzó a construirse con fuerza hace más de un siglo.

Capuz murió en Barcelona en 1959, pero su obra continúa formando parte de las colecciones y fondos documentales que permiten estudiar la cultura artística de su generación. El Museo Nacional de Cerámica conserva piezas y documentación que contribuyen a mantener viva esa memoria.

Retrato de sus esposa Teresa García Falgás de Capuz, por Pascual Capuz, aguada sobre cartón, 1901, Museo de Cerámica González Martí.

Más allá de etiquetas como pintor, ilustrador o cartelista, Pascual Capuz aparece hoy como un creador cuya trayectoria atravesó distintas disciplinas y lenguajes.

Su legado invita a mirar de nuevo una época en la que el arte comenzó a ocupar nuevos espacios y a hablar a través de nuevas imágenes. Y quizá ahí reside una de las razones por las que la obra de Pascual Capuz merece volver a ocupar un lugar destacado en la historia cultural española.

Exposición: Pascual Capuz: el artista que convirtió la modernidad en lenguaje gráfico

Comisario: Francisco Javier Pérez Rojas.

Produce: Fundación de Arte Ibáñez Cosentino

Organizan: Fundación de Arte Ibáñez Cosentino y Diputación de Almería.

Fechas: hasta el 17 de enero de 2027.

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