Soledad, sexo y erotismo en la obra de Antonio López

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¿Existiría el amor, en las diversas manifestaciones que lo conocemos, sin el impulso erótico? Poética y certeramente, Octavio Paz, en un libro esencial sobre estos asuntos, escribió: “El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor”. Desde un punto de vista genético, “el más antiguo de los tres, el más amplio y básico, es el sexo. Es la fuente primordial. El erotismo y el amor son formas derivadas del instinto sexual: cristalizaciones, sublimaciones, perversiones y condensaciones que transforman la sexualidad”.

Ahora bien, si “el sexo es el imperativo categórico de la naturaleza”, de acuerdo con la afortunada expresión del filósofo Jorge Santayana, en tanto que las especies necesitan reproducirse para perseverar, el erotismo parece un fenómeno específicamente humano. Lo señaló el pensador Georges Bataille en un clásico de la filosofía y la antropología sobre este asunto: “La actividad sexual reproductiva la tienen en común los animales sexuados y los hombres, pero al parecer sólo los hombres han hecho de su actividad sexual una actividad erótica, donde la diferencia que separa al erotismo de la actividad sexual simple es una búsqueda psicológica independiente del fin natural dado en la reproducción y del cuidado que dar a los hijos”.

Dicha búsqueda psicológica está vinculada a los más diversos e intensos placeres y goces. En este sentido los seres humanos disponemos de más amplios márgenes de libertad que el resto de las especies. La imaginación y el deseo se avivan y nutren al erotismo humano, dotando de una variedad de manifestaciones mucho más rica que la de cualquier otra especie animal.

En palabras de Octavio Paz, el erotismo “es sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación y la voluntad de los hombres. La primera nota que diferencia al erotismo de la sexualidad es la infinita variedad de formas en que se manifiesta, en todas las épocas y en todas las tierras. El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo”.

La antropología procura distinguir entre lo natural y lo cultural, algo realmente arduo en muchos casos. Apasionado de la antropología, Octavio Paz distingue cómo el sexo, instinto natural, se entrelaza con el erotismo y el amor, que poseen una dimensión más cultural. En la obra de Antonio López el sexo y el erotismo no son de los temas más tratados, ni mucho menos, pero sí aparecen junto a otro que sí atraviesa toda su obra, la soledad y que, como veremos, desemboca en el amor.

Adrián y Miriam (2014-2015), Antonio López, lápiz, óleo y collage papel vegetal sobre papel 234×200 cm. Colección del estudio de Antonio López.

Para ello me centraré en una pieza de hace aproximadamente una década muy interesante desde múltiples puntos de vista. Primero observamos que es un trabajo deliberadamente inacabado. ¿Acaso no posee suficiente densidad de realidad? Vemos anotaciones a lápiz, partes de los cuerpos inconclusas, marcas, chinchetas que ni siquiera se molesta en quitar… probablemente porque el autor quiere que reparemos en el proceso. ¿Quizá el proceso no es tan importante o más que el resultado?

Asimismo refleja el movimiento con esa doble figura masculina, es decir, cómo Adrián se acerca a Miriam, y con el pene erecto y la mano en el cuello de ella entendemos que se trata de una escena sexual y violenta. ¿Es erótica? Sin duda en los actos sexuales suele haber violencia, no admitirlo es sucumbir a lo políticamente correcto, que nos impide pensar libremente. Y en el erotismo sucede lo mismo: suele haber violencia, el erotismo es, de acuerdo con Bataille, transgresión. Lo que no sabemos, lo que no podemos saber, es si es consentido o no. 

De esta manera Antonio López ofrece testimonio de nuestro tiempo, la violencia machista, la denuncia del abuso patriarcal, pero como artista clásico, trascenderá su época, porque logra mostrar con insuperable ambigüedad y expresividad el límite incierto entre el erotismo y la violencia. ¿Estamos ante una escena de erotismo o de violencia? Quizá de ambas. De ahí la dificultad de discernir en determinadas circunstancias. Mientras que los discursos de los medios y de la política a menudo simplifican la realidad, el arte se aproxima a lo complejidad de lo real y, desde esta perspectiva, le hace justicia y nos permite hacer justicia.   

Antonio López pintando una vista de la céntrica Puerta del Sol de Madrid en julio de 2021 (foto de Carlos Teixidor).

¿Dónde queda el amor? Si hemos argumentado que a través del arte Antonio López, al igual que otros creadores, se relacionan de otra forma con el mundo que nos rodea, es hora de reconocer que su forma de devolvérnoslo es inconcebible sin un perseverante ejercicio de amor. En una entrevista declaraba lo siguiente: “Yo diría, si no quedara pretencioso, que es un homenaje al mundo. A los árboles, a los niños, al cuerpo desnudo. Es inevitable que un artista trabaje sobre las cosas que le rodean. Yo pienso que una pintura de Mondrian o de Rothko al final no deja de ser un homenaje al mundo porque es lo que les ha nutrido. Y en esas manchas y en esas formas está incluida toda su experiencia en la vida”. Homenaje al mundo, canto de amor, gratitud a la vida.

Sebastián Gámez Millán

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