Los Ribalta y el barroco naturalista: realismo y emoción en el Siglo de Oro

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El Museo Carmen Thyssen Málaga presenta hasta el 4 de octubre Los Ribalta y el barroco naturalista, una exposición temporal dedicada a Francisco Ribalta y su hijo Juan, dos figuras fundamentales del panorama artístico valenciano del siglo XVII. La muestra, instalada en la Sala Noble del Palacio de Villalón, reúne diez obras procedentes del Museo de Bellas Artes de Valencia y está comisariada por el director de esta institución, Pablo González Tornel.

La propuesta continúa la línea expositiva desarrollada previamente por el museo en muestras como Fieramente humanos. Retratos de santidad barroca y Zurbarán. Santas, centradas en el estudio de la imagen de la santidad durante el Siglo de Oro español. En esta ocasión, la mirada se dirige hacia Valencia y el papel desempeñado por los Ribalta en la consolidación del naturalismo barroco.

Juan Ribalta. Calvario, c. 1616. Óleo sobre lienzo, 107 x 81 cm. Museo de Bellas Artes de Valencia.

En la España del siglo XVII, el arte religioso se convirtió en un instrumento utilizado por la Contrarreforma católica para enseñar los principios de la fe y, sobre todo, conmover a los fieles. La búsqueda de una apariencia de realidad favoreció el desarrollo de un naturalismo que dominó buena parte del Barroco español y que estuvo presente en la producción de artistas como Zurbarán, Velázquez, Murillo, Gregorio Fernández o Martínez Montañés.

En Valencia, este proceso adquirió gran relevancia durante el pontificado del arzobispo san Juan de Ribera. Bajo sus directrices se fomentó el abandono de la estética manierista y el avance del naturalismo, particularmente a través de las escenas relacionadas con la Pasión de Cristo y las imágenes de santidad.

Francisco Ribalta (1565-1628) desempeñó un papel destacado en esta transformación. Se formó inicialmente en Barcelona y pasó por Madrid, donde entró en contacto con el núcleo de artistas cortesanos activos en El Escorial, destacando las aportaciones que recibió de Juan Fernández de Navarrete “El Mudo” y Bartolomé Carducho. Posteriormente, se trasladó a Valencia en 1599, donde desarrollaría su producción de madurez y se convertiría en el iniciador del Barroco valenciano, además de crear una escuela de pintores de la que formaron parte su hijo Juan, Vicente Castelló y Jerónimo Jacinto de Espinosa.

Francisco Ribalta. La Magdalena después de la comunión, c. 1620-1625. Óleo sobre lienzo, 122 x 103 cm. Museo de Bellas Artes de Valencia.

Su pintura evolucionó desde una formación tardomanierista hacia un profundo realismo basado en la observación del natural y en un empleo teatral de la iluminación. En esta transformación influyeron la circulación de copias de obras de Caravaggio, la llegada desde Nápoles de lienzos de José de Ribera y la presencia en Valencia del pintor Pedro Orrente. La exposición permite acercarse a esta producción mediante pinturas como San Bruno, realizada para el retablo de la cartuja de Porta Coeli entre 1625 y 1627, o La Magdalena después de la comunión, fechada hacia 1620-1625. Su aportación se extendió también al retrato naturalista, con efigies tomadas “del vivo” de algunas de las principales figuras de la religiosidad valenciana de su tiempo.

Juan Ribalta (1596/1597-1628) permaneció durante toda su vida vinculado al taller de su padre, circunstancia que ha provocado que sus pinturas se hayan confundido con frecuencia con las de Francisco. Sin embargo, desarrolló una personalidad artística propia y una tendencia más decidida hacia un naturalismo descarnado.

Una de las piezas principales de la exposición es Preparativos para la Crucifixión, un lienzo de grandes dimensiones pintado en 1615 para el monasterio de San Miguel de los Reyes de Valencia. Juan Ribalta lo realizó cuando todavía no había cumplido veinte años, retomando una composición anterior de su padre, pero acentuando el claroscuro y la intensidad emocional de la escena. La obra preside actualmente la Sala Noble del Museo Carmen Thyssen Málaga.

La producción del joven Ribalta también acusó de forma especialmente clara la influencia de Pedro Orrente, perceptible en aspectos como la monumentalidad de las figuras, el dramatismo de las composiciones y el tratamiento de la luz. Además de su actividad pictórica, Juan participó en ambientes intelectuales y poéticos y mantuvo relación con humanistas como Diego Vich.

Padre e hijo fallecieron en 1628, cuando Juan apenas tenía treinta años, truncándose así una trayectoria que comenzaba a mostrar diferencias cada vez más evidentes respecto a la de Francisco. Las diez obras reunidas en Málaga permiten observar ambas personalidades dentro de un mismo contexto artístico y religioso y aproximarse a una pintura concebida para hacer de la emoción, el realismo y el dramatismo instrumentos esenciales de la experiencia devocional.

Juan Ribalta. Preparativos para la Crucifixión, 1615. Óleo sobre lienzo, 311,7 x 239,5 cm. Museo de Bellas Artes de Valencia.

Los Ribalta y el barroco naturalista.

Museo Carmen Thyssen Málaga. Sala Noble del Palacio de Villalón, (C/ Compañía 10. 29008 Málaga).

Hasta el 4 de octubre de 2026.

https://carmenthyssenmalaga.org/exposicion/los-ribalta-y-el-barroco-naturalista

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