Andreu Alfaro: el taller como laboratorio de experimentación

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La Fundación Bancaja (Valencia) dedica una retrospectiva al escultor valenciano y Premio Nacional de Artes Plásticas (1981) compuesta por 89 obras, desde sus primeras piezas escultóricas a finales de los años cincuenta hasta sus últimas creaciones en la transición al siglo XXI, además de una treintena de maquetas y bocetos. Hasta el 3 de febrero

Andreu Alfaro (Valencia, 1929-Rocafort, 2012), escultor de formación autodidacta, inicia su actividad artística a finales de los años cincuenta y expone en 1957 en la Sala Mateu de Valencia una serie de dibujos lineales, una muestra que fue acogida favorablemente por el mundo artístico. Aunque nunca abandonó el dibujo, se terminó decantanto por la escultura motivado en gran parte por la visita a la exposición 50 años de arte moderno en el contexto de la Exposición Unversal de Bruseles de 1958, su encuentro con Oteiza y su ingreso en el Grupo Parpalló (1957), con los que expuso a lo largo de 1959, 1960 y 1961, año que se disolvió el grupo. Influido en sus inicios por la huella constructivista de artistas como Brancusi, Boccioni, Naum Gabo y Pevsner (artistas que le impresionaron enormemente en la muestra de Bruselas), fue desarrollando, en las tres décadas siguientes, una obra cambiante y diversificada pero fiel a ciertas concepciones básicas: la asimilación en la creación artística de la metodología de los procesos y materiales industriales, una vocación sintética en la forma y el convencimiento de que la escultura debe recuperar su carácter público y conmemorativo. Una transformación que el profesor José Marín Medina resume en que “partiendo de un informalismo lírico (…) se transforma en uno de los nombres más representativos de la escultura de transvanguardia”.

Sobre estas líneas, Homenatge a Plató-A, 1980, acero inoxidable, 30 x 29,5 x 15 cm, Colección Andreu Alfaro. Arriba, Quatre fulles dacer inoxidable, 1965, hierro galvanizado, 10 x 12,5 x 13 cm, Colección Andreu Alfaro. Todas las piezas forman parte de la retrospectiva de la Fundación Bancaja, Valencia.

Realiza sus primeras exposiciones individuales en 1957 y 1958 y participa en la Bienal de Venecia en 1966, 1976 y 1995. Entre sus más de cincuenta exposiciones individuales cabe destacar las importantes retrospectivas de 1979 en el Palacio Velázquez del Parque del Retiro de Madrid y de 1991 en el Instituto Valenciano de Arte Moderno, y las muestras de 1989 en la Galerie de France (París), de 2000 en el Josef Albers Museum (Quadrat Bottrop) y de 2001 en el Museum Beelden aan Zee (Den Haag, Scheveningen).

También hay que destacar sus casi cien esculturas monumentales, construidas a escalas sorprendentes y con una vocación de integrarse en los espacios públicos como verdaderos monumentos colectivos, que se encuentran en numerosas ciudades españolas (Madrid, Valencia, Barcelona, Burgos, Gerona), Alemania (Colonia, Maguncia o Fráncfort) o Estados Unidos (Nueva York).

Estàtic, 1960, aluminio, 10 x 14,5 x 14,5 cm, Colección Andreu Alfaro.

En reconocimiento a su larga y creativa dedicación a la escultura ha sido galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas (1981) del Ministerio de Cultura, el Premi d’Honor Jaume I (1980) y la Creu de Sant Jordi (1982) de la Generalitat de Catalunya. En 1991 recibió también el Premi Alfons Roig de la Diputació de València. Ese mismo año, su obra La Puerta de la Ilustración (Avenida de la Ilustración, Madrid) recibió el premio de Urbanismo, Arquitectura y Obra Pública del Ayuntamiento de Madrid. En 2016 le fue concedido, a título póstumo, el Premio IVAM y la Medalla de la Universidad de Valencia.

Ahora, su tierra natal le rinde homenaje en la Fundación Bancaja con Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas, una retrospectiva que revisa toda la obra de Andreu Alfaro desde sus primeras piezas escultóricas a finales de los años cincuenta hasta sus últimas creaciones en la transición al siglo XXI. Un recorrido que plasma el retrato artístico del escultor y que se podría resumir en tres puntos, libertad creativa que escapa de los encasillamiento, gran curiosidad y una inquebrantable voluntad por la experimentación, y es que a Alfaro no le daban miedo las rupturas en su trabajo como podrá comprobar el visitante que acuda a ver esta muestra. Un aspecto que destacaba su hijo, Andrés Alfaro, el día de la presentación de esta retrospectiva, “mi padre era un creador al que no le gustaban las etiquetas y al que le interesaba la colectividad”, un rasgo en el que también incidía Tomás Llorens “Alfaro no tenía miedo de entrar en terrenos desconocidos o de fracasar y contaba con una imaginación abundante que le llevó a lograr esa pluralidad”.

Cinc per sis, 1978, acero y metacrilato, 19.7 x 12,5 x 10 cm, Colección Andreu Alfaro.

Comisariada por los historiadores del arte Tomàs Llorens Serra y Boye Llorens Peters, la muestra se centra en la escultura de pequeño y mediano formato ofreciendo una mirada próxima a la obra de Alfaro y acercando al espectador al taller del artista como laboratorio de investigación y experimentación. Para acentuar este enfoque expositivo, se han incorporado una treintena de maquetas o bocetos experimentales realizados por el escultor con sus propias manos y con materiales frágiles.

La selección de obras, integrada por 89 piezas datadas entre los años 1958 y 2000, procede de los fondos de la Colección Andreu Alfaro, Colección Fundación Bancaja, IVAM, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Colección BBVA, Fundación La Caixa, Museu Joan Fuster, así como de la colección particular de Joan Gaspar i Farreras. Como explicaba Tomàs Llorens el día de la inauguración de esta retrospectiva es la “más ambiciosa e importante que se ha presentado hasta ahora” porque la que se hizo en “2007 en el IVAM solamente incluía piezas de su colección personal” y la de 1992 solamente “cubría una parte de su carrera”.

Un arbre per a l’any 2000, 1971, acero inoxiable, 55,5 x 24 x 20 cm, Colección Andreu Alfaro.

La exposición, que muestra los diferentes materiales con los que trabajó Alfaro (hierro, aluminio, acero, zinc, metacrilato, madera o mármol), se estructura en ocho capítulos que se suceden con criterio cronológico, agrupando obras pertenecientes a una misma familia temática. Un recorrido que muestra desde sus inicios vinculados con el constructivismo abstracto de entreguerras, su giro al contenido de compromiso político y social, sus reconocidas generatrices, las transparencias cromáticas, su revisión de la historia del arte; la inspiración de Goethe,; la temática de jazz y ángeles y el contraminimalismo de sus últimas series escultóricas.

Con el objetivo de proporcionar una imagen comprensiva de la obra del artista, la escultura pública está representada con la pieza Homenaje a Platón (1970), instalada frente a la fachada de la Fundación Bancaja en la explanada de la Plaza Tetuán, y con el audiovisual Visión urbana de Alfaro, dirigido por Vicente Tamarit y producido por Mediterráneo Media Entertainment y Marben Media, que ofrece una visión en imágenes de alta resolución de la escultura de Andreu Alfaro instalada en espacios públicos.

Las ocho “rupturas” de Alfaro

Afrodita VI, 1988, mármol rosa de Portugal, 96 x 37,5 x 37,5 cm, Colección Andreu Alfaro.

El primer ámbito, Primeras obras (h. 1958-60), hace hincapié en la herencia constructivista de entreguerras, su etapa en el grupo Parpalló. El segundo, Emblemas (h. 1960-73) repasa el abandono del escultor de la experimentación formal para introducir en sus piezas referencias concretas al mundo político y social de su tiempo, una cuestión que será determinante en el resto de su trayectoria. “Alfaro fue de los primeros en añadir a la dimensión sintáctica y experimental de su escultura un contenido semántico explícito (…), con referencias políticas a veces muy concretas como puede verse en Bahía de Cochinos, 1962″, explica Tomàs Llorens. Están presentes además piezas como Tothom (1964), una escultura de acero inoxidable que recuerda al movimiento de rebeldía de los intelectuales de la España tardofranquista, o La rella. El tercer ámbito, Generaciones y tramas (h. 1968-78), se centra en el trabajo más conocido de Alfaro, las generatrices, superficies curvas creadas por la yuxtaposición de varillas rectas, y las tramas, que emparentan su escultura con el cinetismo óptico de los sesenta y setenta.

En el siguiente apartado, Transparencias cromáticas (h. 1975-77), el visitante podrá ver esculturas ejecutadas en metacrilato coloreado, un trabajo en el que el escultor investiga la correspondencia entre color y volumen. Hacia 1978-88, en pleno apogeo de su trayectoria artística, Alfaro da un triple salto mortal sin red en su carrera y estudia la historia del arte y reexamina el manierismo y el barroco y, sobre todo, la obra de Bernini, un aspecto que está recogido en el quinto ámbito, Diálogo con el barroco. El siguiente, Bajo el signo de Goethe (h. 1981-91), está dedicado a la fascinación del escultor valenciano por la figura del escritor, por su tensa síntesis de clasicismo y romanticismo, es decir, razón y pasión; es la época también en la que Alfaro recupera la tradición figurativa, el cuerpo humano.

Obra de Andreu Alfaro.

De jazz y de ángeles (1994) recuerda dos episodios lúdicos, estilísticamente interrelacionados, que contrastan luminosamente con la tendencia a la severidad que domina la obra de madurez de Alfaro y que “constituye en cierto modo un paréntesis en la obra de los últimos años de Alfaro”, comenta Tomàs Llorens. Jazz es una serie de pequeñas esculturas basadas en instrumentos musicales de este género musical y cantantes como Billie Holiday, son piezas de pequeño formato realizadas en latón pintado en blanco y negro o simplemente pulido. Una serie, que en palabras de Tomàs Llorens, “iconográficamente es la más descriptiva de toda la obra de Alfaro. Las simplificaciones de formas son brillantes e ingeniosas. Toda la serie tiene un aire de ligereza, alegría y preciosismo, un preciosismo de miniaturista, que la hace inconfundible”. Estas obras están vinculadas con las figuras celestiales que se expusieron en la Bienal de Venecia de 1995 y que constituyen una propuesta “radicalmente nueva y con una potencia extraordinaria”, explica Llorens. Y, por último, en Contraminimalismo (1987 y 1997-98), se muestran las últimas series escultóricas de Alfaro, que se inspiran en un gusto por el arcaísmo y la severidad formal, que, pese a ser a primera vista afines al minimalismo de las últimas décadas del siglo XX, son en el fondo radicalmente contrarias a las premisas de ese movimiento.

Una de las salas de la retrospectiva en la Fundación Bancaja. En primer plano, Homenaje a Picasso, 1966, hierro galvanizado, 23 x 34 x 20 cm, Colección Andreu Alfaro.

Además, se ha editado un gran catálogo con la reproducción de las obras presentes en la exposición, dos ensayos escritos por Tomàs Llorens y el crítico de arte y profesor de Estética en la Universidad de Castilla-La Mancha, Vicente Jarque, así como una cronología desarrollada por Boye Llorens. Con el objetivo de acercar la obra de Alfaro a determinados colectivos, se desarrollarán tres talleres didácticos gratuitos: para escolares, para personas con discapacidad y talleres de inclusión social. Las visitas guiadas gratuitas se realizarán los jueves y viernes a las 19 horas previa inscripción en el correo electrónico visitasguiadas@fundacionbancaja.es.

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