Los Madrazo, el retrato y Cataluña

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La exposición Los Madrazo y Cataluña en la Fundación de Arte Contemporáneo Fran Daurel permite recorrer las tendencias pictóricas de los siglos XIX y XX en España a través de la obra de tres generaciones de pintores de la familia Madrazo. Cuatro ejes vertebran la selección de 67 obras: el poder, la familia, los amigos y la religión, y un género prevalece sobre todos: el retrato. En Barcelona, hasta el 30 de septiembre

La Fundación Fran Daurel acoge en el Poble Espanyol de Barcelona esta exposición con 67 de las 84 obras de la colección de la Comunidad de Madrid de la familia Madrazo. Comisariada por Montserrat Martí y Carlos González López, la muestra se vale de esta gran familia de artistas para retratar la España aristocrática y de la alta burguesía de los siglos XIX y XX. Además de como un homenaje a esta saga, puede leerse como una celebración del retrato, género en el que destacaron todos ellos. Pero la exposición no es una monográfica de este tema, hay otros ejemplos como una vista de Barcelona, que conecta con el título de la exposición Los Madrazo y Cataluña (Els Madrazo i Catalunya) que se aprecia también en la representación de su sociedad que va asimilando distintas corrientes: neoclasicismo, romanticismo, academicismo, impresionismo. 

El patriarca de la familia fue José de Madrazo Agudo (Santander, 1781-Madrid, 1859), máximo representante del neoclasicismo davidiano en España, gran retratista y autor de excelentes obras históricas, alegóricas y religiosas, como las conservadas en el Museo del Prado, institución que dirigió durante veinte años, convirtiéndose en el primer pintor que ejercía esa responsabilidad. También fue director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y gozó de un gran reconocimiento social. Con él comienza esta saga de pintores que se prolonga en tres generaciones y es representada por cinco artistas: él mismo, sus hijos Federico (Roma, 1815-Madrid, 1894) y Luis de Madrazo y Kuntz (Madrid, 1825-97) y sus nietos Raimundo (Roma, 1841-Versalles, 1920) y Ricardo de Madrazo y Garreta (Madrid, 1851-1917), ambos hijos de Federico.

Marquesa de Branciforte, por José de Madrazo, 1812-1813.

Marquesa de Branciforte, por José de Madrazo, 1812-1813. Arriba: Luisito Daza de Madrazo, por Ricardo de Madrazo y Garreta, 1900.

Como su padre, Federico de Madrazo y Kuntz también dirigió el Museo del Prado y la Real Academia de San Fernando. En su obra se reconoce la influencia de Jean-Auguste Ingres (1780-1867) -aprovechamos para recordar aquí la gran exposición que el Museo del Prado ha dedicado al maestro francés de noviembre de 2015 a marzo de 2016 y que fue el tema de portada del número 202 de Descubrir el Arte). Considerado el iniciador de la vertiente purista del romanticismo español, Federico de Madrazo es uno de nuestros grandes retratistas y en esta exposición se evidencia con ejemplos como el colectivo en el que representa a sus hijos Luisa, Rosa y Raimundo. En las Memorias de este último, se recoge un recuerdo vago y curioso de cuando su padre trabajaba en el cuadro. “Por esta época me llevaban al Tívoli, vestido con la blusa que había llegado de París, pues papá nos estaba haciendo el retrato a mis dos hermanas Luisa y Rosa y a mí, en grupo. No recuerdo mas que cuando papá pintó mis manos y la escopeta, sin duda fue lo que más me impresionó…”.

Luisa, Rosa y Raimundo de Madrazo Garreta, hijos del pintor, por Federico de Madrazo y Kuntz, 1845.

Luisa, Rosa y Raimundo de Madrazo Garreta, hijos del pintor, por Federico de Madrazo y Kuntz, 1845.

Aunque Luis de Madrazo y Kuntz (1825-97) fue también un gran retratista y realizó interesantes pinturas de historia y religiosas, su trayectoria quedó en parte eclipsada por la brillantez de su hermano. De cualquier forma, gozó de reconocimiento y vivió momentos de gran éxito como el de la Exposición Universal de París de 1855. El Museo del Prado, que cuenta con una importante colección del autor, describe en su web la obra de Luis de Madrazo como de “pureza de líneas, junto a la nitidez cromática y lumínica dentro de la más estricta estética nazarena”. Las dos obras que aquí mostramos sirven de muestra de esa relación con Cataluña que afirma el título de la exposición y que fue particularmente evidente en el vínculo que establecieron con Mariano Fortuny, tanto desde el punto de vista profesional como del personal. Federico de Madrazo y Fortuny se conocieron en 1860; cuando el catalán empezó a frecuentar las tertulias de los Madrazo conoció a Cecilia (hija de Federico) con quien terminaría casándose.

Pasamos a la tercera generación compuesta por los hermanos Raimundo y Ricardo de Madrazo y Garreta, hijos de Federico. Ricardo, autor del retrato con el que abrimos esta reseña, tuvo una relación muy especial con su cuñado Mariano Fortuny, con quien pintó con frecuencia y de cuyo estudio debió hacerse cargo cuando este murió de forma inesperada, así como de la catalogación y subasta de obra en el hotel Drouot de París. Su influencia, y la del pintor Marsal, puede reconocerse en el estilo de sus cuadros, con muchos paisajes y, siguiendo la tradición familiar, numerosos retratos. También su hermano fue uno de los grandes en este género, de hecho, Raimundo se convirtió a partir de 1900 en el retratista oficial de la alta sociedad norteamericana, argentina y española. Este pintor cosmopolita también dejó buenos cuadros de género. En su legado se aprecia el interés que despertaron en él durante su estancia en París el academicismo y el impresionismo franceses. 

Margarita Tewart de Madrazo, por Raimundo de Madrazo y Garreta, 1865-67.

Margarita Tewart de Madrazo, por Raimundo de Madrazo y Garreta, 1865-67.

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