Sorolla: un valenciano que triunfa en París

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Hasta el 19 de marzo el Museo Sorolla de Madrid acoge una exposición que muestra por primera vez al público la historia del reconocimiento internacional del pintor, desde su primer viaje a la Ciudad de la Luz en 1885, hasta su consagración como gran pintor. Comisariada por Blanca Pons-Sorolla y María López Fernández se exhiben los grandes hitos de la carrera internacional del artista con la particularidad de que fueron seleccionados por el propio artista para ser presentados en los grandes certámenes internacionales

En la primeravera de 1885, Joaquín Sorolla visita París por primera vez y lo hace invitado por el acaudalado empresario español y también pintor Pedro Gil Moreno de Mora. Se habían conocido en enero de ese mismo año en Roma, a donde había acudido Sorolla a completar sus estudios gracias a una beca de la Diputación de Valencia. Mora tenía un estudio en la Ciudad Eterna al que acudían los artistas españoles que residían en la capital italiana, entre ellos Sorolla. Tanto en París como en Roma, Mora se había relacionado con grandes maestros de ese momento y había ayudado también a varios artistas durante su carrera. Más dotado para descubrir el talento en otros creadores que para pintar, enseguida vio el potencial creativo de Sorolla, “apoyándole y aconsejándole desde el principio sobre el camino que debía seguir para triunfar. A él deberá Sorolla, en buena parte, su afán por convertirse en un artista internacional y el haberlo logrado”, explica Blanca Pons-Sorolla en el catálogo de la muestra Sorolla en París.

Sobre estas líneas, Pescadores valencianos, 1895, colección particular. Arriba, Cosiendo la vela, 1896, Ca Pesaro Galleria Internazionale di Arte Moderna. Todas las imágenes, cortesía Museo Sorolla de Madrid.

Sobre estas líneas, Pescadores valencianos, 1895, colección particular. Arriba, Cosiendo la vela, 1896, Ca Pesaro Galleria Internazionale di Arte Moderna. Todas las imágenes, cortesía del Museo Sorolla de Madrid.

Este viaje de Sorolla a París, que duraría desde abril hasta principios del otoño, es determinante en la carrera del artista valenciano. Visita museos y el Salón de los Artistas Franceses y “le impactaron especialmente las exposiciones de Jules Bastien-Lepage en el Hôtel de Chimay y de Adolph Menzel en las Tullerías, dos grandes triunfadores del naturalismo moderno con los que Sorolla se siente identificado a pesar de que su formación hasta ese momento estaba muy distanciada de la orientación marcada por ellos”, añade Pons-Sorolla. En estos seis meses, Sorolla trabaja incansablemente, por el día lo hace en su estudio y por la noche toma apuntes a lápiz de todo lo que veía en la calle.

La segunda visita a París tiene lugar en 1889, una parada en el viaje de regreso a España desde Italia, y lo hará acompañado por la que ya era su mujer, Clotilde García del Castillo. Acuden a la Exposición Universal donde Sorolla descubre a los pintores nórdicos Peder Severin Krøyer, Viggo Johansen, Anders Zorn, Richard Bergh, Erik Werenskiold y Albert Edelfelt, y los norteamericanos Alexander Harrison y Gari Melchers, lo que “le confirma una vez más el camino del naturalismo que había escogido”, apunta Pons-Sorolla. El matrimonio regresa a Valencia, aunque posteriormente deciden trasladarse a vivir a Madrid, donde el pintor inicia su nueva vida artística y participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes de la capital de 1890 con Boulevard de París, una obra de gran formato que pintó a partir de los apuntes que había tomado en París entre 1885-1889. La obra resultó premiada con una Medalla de Segunda Clase.

Antonio García en su laboratorio, Hispanic Society,

Antonio García en su laboratorio, Hispanic Society,

Vuelve a visitar París en junio de 1891 para ver lo que se exponía en la ciudad. Participa en las exposiciones internacionales de Bellas Artes de Berlín de ese mismo año con Pillo de playa, y de Múnich en 1892, con Una rogativa en Burgos en el siglo XVI (actualmente en paradero desconocido), a la que concedieron la Medalla de Segunda Clase, de oro. En Berlín, además, es elegido miembro del jurado encargado de seleccionar las obras que iban a representar a España.

En estos diez primeros años de residencia en Madrid, de 1890 a 1900, Sorolla envía obras a todas las grandes exposiciones y salones, tanto nacionales como internacionales, gracias a la ayuda inestimable de Pedro Gil, que se ocupa no solo de recibir las obras en París, sino que en muchos casos se encarga de enmarcarlas y de supervisar cómo deben ser colgadas o de cobrar el importe de sus premios y ventas. Se ocupa también de sus finanzas y de la carrera del pintor, “interesándose constantemente por lo que estaba haciendo y animándole en los momentos de desfallecimiento y duda. Pedro fue, en realidad, el marchante de Sorolla en París, pero sin estar movido por intereses económicos”, puntualiza Pons-Sorolla.

Niños a la orilla del mar, 1903, Museo de Filadelfia.

Niños a la orilla del mar, 1903, Museo de Filadelfia.

En Madrid también conoce a otra persona muy importante en su carrera, Aureliano de Beruete, un pintor paisajista, regeneracionista y uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza, que le abre las puertas como retratista de la nobleza y la alta burguesía madrileña.

En 1892 participa en la Exposición Internacional de Bellas Arte de Madrid con la obra de tema social ¡Otra Margarita!, que resulta premiada por unanimidad con la Primera Medalla. Con esta misma obra participa al año siguiente en la World’s Columbian Exposition de Chicago, en la que le conceden la “medalla única”. La obra la adquiere por 1.800 dólares (11.289 pesetas) Charles Nagel para el Art Museum of Washington University en San Luis, al que sigue perteneciendo.

Los pimientos, 1903, Hispanic Society of America.

Los pimientos, 1903, Hispanic Society of America.

En el mes de mayo de 1894 Sorolla viaja de nuevo a París, donde, en compañía de Pedro Gil, visita las exposiciones de los salones del Campo de Marte y los Campos Elíseos, del Hôtel de Ville y el Museo de Luxemburgo. Después de estos días tan intensos y estimulantes para el pintor, Sorolla se va a pasar el verano a Valencia. Fruto de este verano de intenso trabajo frente al mar son dos obras cruciales en su carrera porque con ellas Sorolla afirma su personalidad artística y obtiene importantes premios, La vuelta de la pesca y La bendición de la barca. Para Rafael Doménech con estos cuadros acaba la etapa de aprendizaje: “Si en las obras anteriores a 1894 la forma parece sobreponerse a las condiciones pictóricas, a partir de esta fecha comprende que las cosas llegan a nuestros ojos no con una forma propia, perfectamente definida, sino alterada por el ambiente y la luminosidad en la que aquellas se hallan sumergidas. Su lucha a partir de este momento consistirá en unir la forma con la luz desdoblada en incesantes coloraciones”.

Niña, estudio para verano, 1904, Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.

Niña, estudio para verano, 1904, Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.

Pero volviendo a la relación de Sorolla con París, con La vuelta de la pesca, el pintor consigue la Primera Medalla de Segunda Clase, de oro, en el Salón de la Sociedad de los Artistas Franceses de 1895. Fue adquirida para el Museo de Luxemburgo por el Estado francés por 6.000 francos. El 7 de junio viaja de nuevo a París a recoger el premio, donde asiste a celebraciones en su honor en la casa del marqués de Casa Riera, con la familia Huocelist y con sus amigos los Gil Moreno de Mora, que, le regalan una sortija de oro con sus iniciales. Durante el mes que Sorolla pasa en París, pinta unos retratos de la mujer y la hija de Pedro Gil y esboza unos apuntes de carreras de caballos en el Bosque de Bolonia.

Fin de jornada. Jávea, 1900, colección particular.

Fin de jornada. Jávea, 1900, colección particular.

Pero no todo fueron éxitos, en la primavera de 1897 Sorolla regresa, acompañado por su esposa, a la Ciudad de la Luz para presentar en el Salón de la Sociedad de Artistas Franceses Cosiendo la vela, una obra que el artista había pintado en la playa del Cabañal el verano anterior, donde no consigue ningún galardón: Este cuadro, que no fue entendido en su momento, probablemente por lo atrevido de su composición, causa hoy gran impacto al verlo”, comenta Pons-Sorolla. El pintor lo presenta ese mismo año en la VII Exposición Internacional de Múnich, donde obtiene un primer premio y, al año siguiente, en la Exposición Internacional de Viena, donde le conceden la Gran Medalla del Estado Austríaco.

Verano, 1904, Museo de Bellas Artes de La Habana.

Verano, 1904, Museo de Bellas Artes de La Habana.

Sorolla participa en la Exposición Universal de 1900 de París con seis obras, Cosiendo la vela, Comiendo en la barca, El baño o Viento de mar, El algarrobo. Jávea, La Caleta. Jávea y ¡Triste herencia! El pintor obtiene el Grand Prix por la calidad del conjunto presentado y, sobre todo, por ¡Triste herencia!, una obra que Sorolla había pensado titular Los hijos del placer, pero que según parece, a sugerencia de su amigo Vicente Blanco Ibáñez, cambió por el nombre definitivo. De este cuadro hay numerosos estudios, tres de los cuales regaló a a los pintores William Merritt Chase, John Singer Sargent y William J. E. E. Laparra. Este gran triunfo en la carrera de Sorolla fue celebrado por sus amigos y discípulos con un banquete en su honor el 11 de junio en la fonda Viveros de Lázaro López de Madrid. Un año después se hace con la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, por el conjunto de obra presentada y en especial por ¡Triste herencia!, igual que en París.

¡Triste herencia!, 1899, Colección Fundación Bancaja.

¡Triste herencia!, 1899, Colección Fundación Bancaja.

En el mes de mayo de 1901, el Estado francés le concede la Gran Cruz de Caballero de la Legión de Honor por el conjunto de su obra y el 27 de julio le nombran miembro correspondiente de la Académie des Beaux-Arts de París, ocupando la vacante dejada por el pintor escocés William Quiller.

Siguiendo los consejos de numerosos amigos y artistas, especialmente de Pedro Gil Moreno de Mora, Sorolla decide que su primera exposición monográfica tenía que celebrarse en París. El año de 1905 el pintor lo dedicó a trabajar con vistas a esta cita. En primavera regresa a París junto a su mujer y su hija María para presentar en el Salón de Artistas Franceses, que se inauguraba en mayo, Sol de la tarde y Verano. El 11 de junio de 1906 se inaugura la exposición individual de Sorolla en la galería Georges Petit de París, donde el pintor cosecha un gran éxito de crítica y público. Así, 1906 es el año de la conquista definitiva de París. Gracias a la notoriedad alcanzada en esta ciudad pudo exponer también en Alemania y en Londres, en la galería Crafton, donde conoce a Archer Huntington, el fundador de la Hispanic Society. Este le ayuda a organizar su primera exposición en Nueva York en 1909, que fue un triunfo clamoroso, con más de cien mil visitantes en un mes. Vende muchísimo y además le encargan muchos retratos (entre ellos el del propio presidente de la nación) y muchos cuadros. El reconocimiento de su obra en EE UU le reporta sustanciosos ingresos que consolidan su situación económica y le permiten construir la casa de la calle General Martínez Campos de Madrid, que fue su taller y el hogar familiar hasta el fin de sus días y que ahora es la Casa-Museo de Sorolla.

Clotilde y Elena en las rocas. Jávea, 1905, colección particular.

Clotilde y Elena en las rocas. Jávea, 1905, colección particular.

Una exposición en su casa museo

Y es precisamente la historia de este reconocimiento internacional, desde su primer viaje a la capital francesa hasta su consagración como un gran pintor, el eje expositivo de la muestra Sorolla en París. Una historia que es la primera vez que se muestra al público y lo hace exponiendo juntos todos los hitos de la carrera internacional de Sorolla. Todas las obras que pueden verse en la muestra fueron seleccionadas por el propio Sorolla para ser presentadas en los grandes certámenes internacionales, como el Salón de París, la Bienal de Venecia o las Sezession de Múnich, Berlín y Viena, así como en sus exposiciones monográficas en las galerías Georges Petit de París o Edward Schulte de Berlín.

El bote blanco, 1905, colección particular.

El bote blanco, 1905, colección particular.

Comisariada por Blanca Pons-Sorolla y María López Fernández el conjunto de las 66 obras [de las cuales más de la mitad pertenecen a prestigiosas instituciones y colecciones particulares, como la Galleria Internazionale d’Arte Moderna Ca’Pesaro (Venecia), Philadelphia Museum of Art (Filadelfia), Museo de Bellas Artes de La Habana, Musée d’Orsay (París), The Hispanic Society of America (Nueva York), Museo de Bellas Artes de Bilbao, Fundación Colección Bancaja y Diputación de Valencia junto a la colección del propio museo Sorolla] que se exhiben permiten descubrir al visitante la evolución de Sorolla, “desde sus primeros trabajos de carácter social hasta sus osadas experimentaciones de luz y color en el mar. Nos enseñan asimismo a mirar a Sorolla desde el prisma de los estilos artísticos internacionales que convivían en 1900 y que combinaban el naturalismo, la brillantez y luminosidad del impresionismo, la instantaneidad de la vida moderna, con la solidez compositiva, la elegancia y el prestigio de los viejos maestros”, comenta Consuelo Luca de Tena, directora del Museo Sorolla.

Desnudo de mujer, 1902, colección particular.

Desnudo de mujer, 1902, colección particular.

Ángela SANZ COCA

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