Kupka, creador de visiones

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La Gamme jaune, 1907 Kupka Frantisek. París, Centre Pompidou

Beatriz Sánchez Santidrián entrevista a Brigitte Leal, comisaria de la retrospectiva que el Grand Palais de París dedica a este pintor checo que plasmó en su trabajo un mundo interior excepcional y precursor de una pintura abstracta heterodoxa. Su trabajo destaca por la correspondencia entre el color y las formas, las emociones artísticas y los sonidos

Frantisek Kupka (1871-1957), afincado en París a finales del siglo XIX, desarrolló una obra compleja marcada por el simbolismo y las corrientes espiritualistas de su centroeuropa natal. La expresión de un mundo interior excepcional, nutrido de un repertorio de influencias muy variadas, dio lugar a la creación de una pintura abstracta heterodoxa y precoz. Hablamos con la comisaria de su exposición retrospectiva, Brigitte Leal, directora adjunta de las colecciones del Musée national d’art moderne Centre Pompidou.

Sobre estas líneas, Vous devriez bien nous la foutre !… En L’Assiette au beurre, “La Paix”, nº 177, 20 de agosto de 1904. París, Museo d’Orsay, conservado en el Museo del Louvre. Arriba, La Gamme jaune (detalle), 1907.© Adagp, Paris 2018 © Centre Pompidou, MNAM / CCI, Dist. Rmn-Grand Palais / Foto Bertrand Prévost. Todas las obras de Kupka Frantisek.

PREGUNTA: Suele presentarse a Kupka como el primer pintor de la historia en mostrar en público un cuadro abstracto, en 1912, antes incluso que Kandinsky, Mondrian o Malevich, que calificamos siempre como el trío pionero de la abstracción, que se libera de la tradición mimética figurativa en la misma época. Esta insistencia por reivindicar la superioridad de uno u otro en la carrera hacia la invención de la pintura abstracta empieza a ser un lugar común en los estudios de las vanguardias históricas. ¿Es tan importante el hecho de haber sido el primero?

BRIGITTE LEAL: Creo que hoy, un siglo después, hemos superado estas rivalidades. Lo que interesa es ver que en el mismo momento, en lugares tan alejados de Europa, estos artistas no se conocen, no tienen conocimiento de lo que hacen los otros, y por tanto el objetivo de su arte y sus fuentes son diferentes. Mondrian viene del cubismo; Kandinsky tiene una obra más autónoma, con sus propios orígenes del simbolismo ruso; como Malevich, aunque para él cuenta mucho el cubismo. En Kupka las premisas son el movimiento, el dinamismo vital, la observación científica… Esta eclosión casi natural, esta especie de generación espontánea, crea una impresión de paralelismos. Sí existe un ascenso de la abstracción, que pasa por el abandono de la representación tradicional desde finales del siglo XIX y que toma formas diferentes, a través de la autonomía del color, de la noción de lo espiritual en el arte… Así que hay elementos paralelos, sí, pero cada uno tiene su autonomía.

La Petite fille au ballon, 1908, Estrasburgo, Museo de Arte Moderno Contemporáneo.

P.: ¿Cuál es entonces la particularidad de Kupka, qué hace única su trayectoria?

B. L.: La exploración espiritual y esotérica de Kupka constituye su planteamiento existencial del mundo. Empezó con la teosofía, pero se quedó poco tiempo en la secta; evolucionó y dejó de lado estas ideas de juventud. Y se interesó sobre todo por la sinestesia: la correspondencia entre los colores y las formas, las emociones artísticas, los sonidos… Se ve muy bien en la exposición: en el Autorretrato, y en La gamme jaune, que es la expresión de la sinestesia, donde el color es una fuerza simbólica y psicológica. Después, el dinamismo, el ritmo vital del mundo, toma forma a partir de La petite fille au ballon, y se desarrolla en esos arabescos rojos y azules inscritos en una observación cósmica [Amorpha. Fugue à deux couleurs, aquella primera obra abstracta expuesta en público]. Esta idea del cosmos arraiga en una dimensión espiritual, pero no teológica sino más metafísica. Hay también una parte de racionalismo en esta renovación de la abstracción, en este enfoque vitalista de Henri Bergson sobre el movimiento, la fuerza y la energía vitales. Cuando leemos los escritos de Kupka [La création dans les arts plastiques, 1913], vemos que es un texto complejo, cuya edición ha partido del borrador; es un mosaico de apuntes, con ideas de apariencia contradictoria pero que muestran la riqueza de todo a lo que él asiste: el desarrollo tecnológico, el descubrimiento de una imagen ampliada del universo gracias al telescopio, y, al contrario, microscópica, y que va a desarrollar a través de una abstracción orgánica y biomórfica.

Les Touches de piano. Le Lac, 1909 © Adagp, París 2018 © National Gallery en Praga 2018..

P.: Precisamente, en estas obras orgánicas adivinamos elementos del microcosmos y del macrocosmos. Por ejemplo, en la pareja de cuadros Printemps cosmique. ¿Llega entonces realmente a alejarse de la realidad externa como inspiración para su creación, o más bien sigue utilizando referencias del mundo conocido? En otras palabras, ¿es posible crear a partir de cero?

B. L.: En estos artistas utópicos existe siempre la idea de partir de cero, pero en el fondo hay efectivamente un lenguaje de formas (verticales, circulares…) que hacen eco a las formas del mundo. No se trata de una geometría seca, de relaciones geométricas o algoritmos, o del arte concreto post-van Doesburg de Max Bill, por ejemplo; sino de una creación del mundo que parte, un poco como Mondrian, del lugar del hombre en la naturaleza: la vertical representa el mundo donde el hombre está enraizado en la tierra pero con una aspiración hacia el cosmos; los círculos son formas cósmicas… Así que existe siempre una relación con el mundo de orden concreto. Hay una autonomía del lenguaje abstracto, pero no está totalmente separada de la naturaleza.

P.: Kupka trabaja en la realización de un “arte telepático” que se transmitirá a través de ondas electromagnéticas, y pronostica un futuro donde el arte no necesitará materializarse para su comunicación. Esta investigación en torno a la desmaterialización de la pintura es muy próxima a prácticas contemporáneas como el arte conceptual o el digital, y hace de él un artista muy moderno. ¿Qué queda de Kupka en el mundo de hoy?

B. L.: Inventó una serie de formas muy libres que prefiguró todas las formas abstractas de los años de posguerra. Después está esta aspiración espiritual, la comunión entre el hombre y la naturaleza, a través del naturismo (Kupka era vegetariano…), que sigue estando muy viva. En esto sigue siendo muy contemporáneo. Y también en su apertura y curiosidad, entre simbolismo y positivismo, que le aleja del dogmatismo, contrariamente a las ideas recibidas sobre la abstracción.

Madame Kupka dans les verticales, 1910-11 © Adagp, París 2018 © Imagen digital, The Museum of Modern Art, MoMA, Nueva York / Scala, Florencia.

P.: Encontramos también esta modernidad de Kupka en las ilustraciones satíricas que publica en la prensa de finales del siglo XIX y principios del XX, próximas a los círculos anarquistas y libertarios, y que recuerdan las caricaturas de los periódicos satíricos actuales como Charlie Hebdo. ¿Era un artista comprometido con la sociedad de su época?

B. L.: Absolutamente. Después dijo que esas caricaturas eran producciones alimenticias, lo que no impide que fuera un librepensador, que evidencian convicciones muy fuertes contra todo lo que consideraba una fuerza de opresión: el dinero, el capitalismo, las religiones, la guerra... Por cierto que en el penúltimo número de Charlie Hebdo han retomado las caricaturas de Kupka. Si pensamos en lo que ocurrió en 2015 en París sorprende la libertad de expresión de Kupka y de su época. Y demuestra un compromiso positivista, racionalista y pacifista muy coherente. Quizá menos durante la guerra de 1914: a pesar de su pacifismo, se enrola en la legión extranjera, porque estima que es un combate justo. Y durante la Segunda Guerra Mundial también combatió, en todo caso con sus ideas y dibujos. Así que, aunque en ese momento su obra es abstracta, no ilustrativa y comprometida, en todo caso siempre fue fiel a sus convicciones en favor de la libertad.

Amorpha, fugue à deux couleurs, 1912 © Adagp, París 2018 © National Gallery en Praga 2018.

P.: Precisamente, ese trabajo en torno a la creación plástica pura, para el cual se inspiró en sus visiones interiores, es mucho más intelectual y hermético. ¿Podría considerarse incompatible con la implicación social precedente? ¿Cómo conciliar estos dos momentos en el mismo personaje?

B. L.: Hubo una evolución, Kupka tuvo una vida muy larga. Creo que no renegó de aquellas ilustraciones, sólo quería decir que no se quedaba en esto, que había diferentes etapas en su obra. Pero siempre creerá en el papel emancipador de la educación y del arte. Y durante la Segunda Guerra, cuando era un artista extranjero en el París ocupado y la embajada checa es confiscada por los nazis, va a apoyar al embajador a través de estampas, siendo ya mayor y estando enfermo. Es una forma de valentía, que siempre tuvo.

P.: Siempre se habla de Kupka como de un artista solitario, outsider y olvidado, pero se le han dedicado ya muchas exposiciones, y en museos tan importantes como el MoMA o el Guggenheim de Nueva York. Puede decirse que ya no es tan desconocido, ni entre los especialistas ni entre el gran público. ¿Qué novedades ofrece esta exposición respecto a las anteriores? Por ejemplo, en comparación con la última gran retrospectiva, organizada en 1989 por el Musée d’Art moderne de la ville de Paris, o con las exposiciones organizadas a partir de la colección del Centre Pompidou que itineraron en 2003-2004, y de las que usted misma fue la comisaria.

B. L.: La exposición del Musée d’Art moderne de la ville de Paris tenía un planteamiento completamente diferente, formalista. Nosotros hemos querido hacer una retrospectiva completa, abordando todos los aspectos de su trabajo. Hemos podido acceder a todos sus archivos y dibujos, y hemos contado con dos grandes fondos (Centre Pompidou de París y Národní galerie de Praga), con todas las obras maestras, que permiten comprender la evolución y las grandes etapas de principio a fin. Es una obra que cobra cada vez más valor; hay cada vez más coleccionistas privados, sobre todo en la República Checa. Pierre Brulé y Markéta Theinhardt [co-comisarios de la muestra] están trabajando en el catálogo razonado completo de su obra, así que han trabajado mucho en las fechas, títulos… nos ha permitido hacer un trabajo profundo. También hemos encontrado trozos de películas, como una entrevista de Marcel Duchamp que habla muy bien de Kupka, que cuenta que era un solitario. Desgraciadamente lo descubrimos hace no mucho, demasiado tarde para incluirlo en la exposición.

Printemps cosmique II, 1911-1920 © Adagp, Paris 2018 © National Gallery en Praga 2018.

P.: La reevaluación de su obra, hecha en la segunda mitad del siglo XX bajo la perspectiva del impacto de las fuentes espirituales y científicas en el nacimiento de la abstracción, hizo redescubrir la obra de Kupka. ¿Habrá nuevas relecturas, nuevos Kupka a presentar al público en el futuro?

B. L.: Creo que lo conocemos bien. Aunque siempre hay descubrimientos posibles; las exposiciones y los salones hacen siempre surgir nuevas obras, procedentes de colecciones no conocidas. Eso nos ha hecho emerger una decena de obras nuevas. Y habrá que reeditar sus escritos, con un verdadero aparato de notas. Después está ese enorme fondo de dibujos abstractos del MoMA, que no estaba completamente inventariado ni en línea. Todo esto ha permitido un trabajo colectivo, paralelo a la exposición, que abrirá nuevas pistas. Hay que dejar también cosas a los investigadores más jóvenes.

Beatriz SÁNCHEZ SANTIDRIÁN

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