Un viaje al epicentro del universo etrusco

apertura-etruscos.jpg

El Museo Arqueológico de Bolonia explora los enigmas de la civilización etrusca a partir de unos 1.400 objetos procedentes de sesenta museos e instituciones de todo el mundo. Hasta el 29 de noviembre

El ambicioso proyecto dedicado al mundo etrusco que se inauguró a finales de 2019 en el Museo Arqueológico de Bolonia quedó interrumpido por la pandemia de Covid-19. Pasado el confinamiento, la institución ha reabierto la exposición con unas 1.400 piezas procedentes de sesenta instituciones italianas e internacionales.

La exposición conduce a los visitantes a través de un itinerario por las tierras de los Etruscos, demostrando que no existía una sola Etruria sino múltiples territorios que desembocaron en asentamientos, modelos de urbanización, administración y gestión económica diferentes en el espacio y en el tiempo, todos bajo la égida de aquella cultura, absorbida por la romana.

Acroterio configurado como guerrero de Cerveteri, Vigna Marini-Vitalini Copenhague, Ny Carlsberg Glyptotek Créditos @ The Ny Carlsberg Glyptotek Fotógrafo: Ole Haupt. En la imagen de apertura, urna funeraria de alabastro policromado con pareja festejando, Perugia, primera mitad del siglo IV a. C., Florencia, Museo Arqueológico Nacional,

Utilizar la palabra viaje es la más apropiada metáfora para cubrir un vasto territorio desde las llanuras del río Po hasta el áspero Vesubio, a través de paisajes apenínicos y marinos, a lo largo de caminos y cursos fluviales. La primera parte del recorrido da a conocer los lineamientos principales de la civilización y de la historia de este enigmático pueblo, por medio de objetos y contextos arqueológicos claramente identificables.

La tierra de los Rasna

Esa primera etapa prepara al visitante para emprender el camino e, inmediatamente después, lo adentra en la segunda sección, donde se inicia la travesía en las tierras de los Rasna (como los Etruscos se llamaban a sí mismos). Así pues, el espectador empieza a compararse con aquellos viajeros que, siglos atrás, se acercaron con interés y asombro a las tierras de los Rasna, dando sendas impresiones o recuerdos a través de la pluma o del pincel.

Son los paisajes pintados por Samuel J. Ainsley los que ofrecen el primer impacto con las dulces colinas toscanas, con las ruinas de Vulci o con el majestuoso acantilado de Orvieto, gracias al préstamo del British Museum, junto con el Louvre, el Royal d’Art e d’Histoire de Bruselas, el Ny Carlsberg Glyptotek de Copenague y los Museos Vaticanos.

Las ruinas y las vistas románticas comparten protagonismo con un montaje moderno y acertado de vivos colores que resaltan la época de los Rasna y marcan las fases principales de la larga historia etrusca: cinco colores para cinco períodos históricos proponen al espectador las herramientas justas para comprender mejor la verdadera trayectoria.

Se inicia con los orígenes (siglo IX a.C.) y se prosigue con el alba de la ciudad (finales del IX-tercer cuarto del siglo VIII a.C.); el poder de los príncipes (último cuarto del siglo VIII-inicios del VI a.C.), una historia de la ciudad (siglos VI-V a.C.) y el final del mundo etrusco (siglos IV – I a.C.).

La primera y principal sección de la muestra se centra en la cronología y especialmente en el análisis de la sociedad y de la cultura del tiempo, ilustrados por las vasijas bicónicas del alba de la historia etrusca y acompañados por las tumbas con las primeras señales de diferenciación social y las primeras importaciones de la cuenca del Mediterráneo, prueba de una sólida red de intercambios.

La visita continúa con la época de las aristocracias, que prefieren autoidentificarse como potentes, ricas y guerreras. Se asiste al nacimiento de las ciudades, ejemplificadas en los templos y en sus decoraciones arquitectónicas, expresión de un poder unitario y urbano. Se observa aquí una ideología funeraria que mira hacia el mundo griego por medio de piezas de extraordinaria belleza como las procedentes de la tumba de las Hydriae di Meidias y de reconstrucciones a través de copias decimonónicas de la tumba del Triclinio de Tarquinia, prestadas por los Museos Vaticanos.

Piezas de la tumba de las Hydriae di Meidias, siglo V a.C., Florencia, Museo Archeologico Nazionale.

Más adelante, se observa el surgir de las zonas periféricas en los márgenes del corazón etrusco de Italia para asistir al lento e inevitable ocaso de un pueblo que se confronta con Celtas, Samnitas y Romanos.

De Tarquina a Vulci

El último y más importante apartado de la exposición queda en manos de la voluntad del visitante, atravesando paisajes siempre diferentes que enmarcan el florecer de las principales realidades etruscas: cinco secciones para cinco Etrurias, cada una preludio de sugestivos temas y de novedades de excavaciones y de estudio: Tarquinia, Veio, Cerveteri, Pyrgi y Vulci, las ciudades enfocadas como muestrario de la Etruria Meridional, donde el paisaje, con sus mesetas de toba, las fértiles llanuras y las dulces costas, atrajo notablemente los primeros asentamientos y favoreció su transformación en auténticas ciudades y centros de producción.

La muestra ofrece también una ocasión inmejorable para admirar los nuevos descubrimientos, como la tumba de la sacerdotisa de Tarquinia, los objetos votivos del santuario de Pyrgi o la tumba del escarabajo dorado de Vulci, de donde llega una extraordinaria selección de objetos de bronce.

Casco de bronce Volterra, tumba del guerrero, Poggio alle Croci, últimas décadas del siglo VIII a.C., Museo Etrusco Volterra Guarnacci,.

Además, la exposición presenta una tierra compleja y riquísima como la Etruria de Campania con los ajuares funerarios principescos, ejemplarizados en el de la tumba femenina 74 de Monte Vetrano (Salerno), que se remonta al siglo VIII a.C. y es vestigio de una comunidad estructurada e integrada en un sistema comercial que operaba entre el Oriente levantino, Cerdeña y el área tirrénica y adriática. En este territorio donde las culturas se mezclan, junto a Pontecagnano, Capua y Nola, se añade también Pompeya con sus coloreadas decoraciones de templos, que reivindica sus orígenes prerromanos.

Encaminándonos hacia la Etruria interior, atravesada por el Tíber, formada por Orvieto, Perusa, Chiusi y Cortona, en la ciudad de Velzna (Orvieto) luce uno de los descubrimientos más importantes de los últimos años: il fanum Voltumnae, santuario federal de todos los Etruscos, recordado por las fuentes literarias, convertido en una realidad arqueológica con las valiosas ofertas votivas, las inscripciones a los dioses que transmiten un vivacidad cultural e espiritual desde la edad arcaica hasta la romanización.

Canopo, necrópolis de Tolle, tumba 398, siglo VII a.C., Chianciano Terme, Museo Cívico Arqueológico de Aguas.

Mientras, las magníficas urnas policromadas de la zona perusina y los rostros impasibles de Chianciano delinean la fisicidad de los Etruscos e ilustran de qué manera el hombre se colocaba frente a la muerte, con ritos y expectativas del más allá.

En lo que respecta a la Etruria septentrional, de Populonia llegan algunas de las novedades más interesantes del contenido, como la importante sepultura Bisoma de niños en pithos, del siglo IX a.C., o el depósito de armas hallado en la playa de Baratti (siglos V-IV a.C.).

Y por último, la Etruria Padana, un amplio territorio que va desde la apeninínica Verucchio y de Marzabotto para llegar hasta el mar Adriático (Spina y Adria). Es de Bolonia de donde llegan los excepcionales hallazgos de la tumba 142 de la necrópolis de la calle de Bellas Artes, con un ajuar de piezas de madera cuya conservación representa una novedad y una rareza. Un entrelazamiento con la riquísima sección etrusca del museo, testimonia el papel en primer plano de la Bolonia etrusca, completando así esta cita temporal.        

Carmen DEL VANDO BLANCO

Datos útiles                                                          

Exposición Etruscos, viaje a las tierras de Rasna

Museo Arqueológico de Bolonia

Hasta el 29 de noviembre de 2020

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*

scroll to top