Antoni Gaudí, plástica espiritual

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Antoni Gaudí nació un 25 de junio de 1852 en la ciudad catalana de Reus. Consagrado como uno de los grandes autores del movimiento modernista en Cataluña, la Sagrada Familia, su proyecto arquitectónico más ambicioso, no sólo ha perdurado en el tiempo como un gran monumento, sino que el mismo proceso de construcción continúa sin cerrarse

¿Cuántos titulares habrá ocupado la construcción de la Sagrada Familia? ¿Cuántos augurios se habrán proclamado sobre la fecha de su finalización? No se trata de preguntas retóricas, sino de cuestiones que parecen repetirse una y otra ver en el trascurso del tiempodesde que este famoso proyecto de Gaudí se quedase en stand by debido a su prematura muerte por el  atropello de  un tranvía. El trágico hecho se produjo el 7 de junio de 1926 cuando se disponía a ir a rezar a la iglesia de San Felipe Neri, cerca de la Gran Vía de las Cortes Catalanas; apenas tres días después, fallecía a consecuencia del accidente en el Hospital de la Santa Cruz.

Y es que esta cita con el templo era ineludible para Gaudí en su rutina cotidiana. No sorprende por ello, que uno de los conceptos de los que no se ha dudado en absoluto sobre el autor, sea sobre su afán por lo espiritual. Para el creador modernista la arquitectura religiosa debía constituirse de ” una plástica en la que se representen las verdades de la religión  y la glorificación de Dios y de sus santos”. Un planteamiento que con empeño quiso traducir en la arquitectura de la Sagrada Familia durante los cuarenta y tres años que estuvo trabajando por (y para) ella.

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Vista del exterior.

A estas ideas simbólicas, se unieron también las  formales del  modernismo; en el caso de Gaudí, para tratar la estética decorativista tan característica de esta corriente del arte, se fijó en lo caleidoscópico de la naturaleza. Sus obras, aún sabiendo que están ancladas y por ende, estáticas, nos engañan a la vista cuando las contemplamos; su textura y sus líneas parecen mucho más dinámicas y cambiantes. Un factor importante para este efecto escenográfico es el de la luz, con la que consigue tratar esa simbiosis de conceptos entre lo espiritual y lo variable de nuestro hábitat natural.

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Vista del alto del interior.

Claramente esto se percibe en la llamada fachada del Nacimiento, en los pináculos y en el resto de terminales de las torres  y edículos del templo en forma de atributos episcopales, de frutas, y de espigas de trigo y uvas; estos dos últimos elementos, hacen a su vez alusión al sacramento de la Comunión, como símbolos del pan y del vino.  En el interior, las columnas en clave de árboles, conforman todo un bosque espiritual, ” La intimidad con la  amplitud del bosque, que será el interior del templo de la Sagrada Familia”, señalaba arquitecto sobre este espacio.

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Panorámica desde el aire de la Sagrada Familia.

Una vez muere Antoni Gaudí, se hacen cargo de la catedral, hoy icono de la ciudad de Barcelona, sus discípulos; primero Doménec Sugrañes, y cuando éste fallece,  Francesc de Paula Quintana ayudado por Isidre Puig-Boada  y Lluís Bonet. Tanto estos como posteriormente  Francesc Cardoner, y el actual arquitecto director  y coordinador de las obras, Jordi Bonet i Armengol, han seguido las instrucciones que dejó el maestro en numerosos planos, modelos de yeso y otros documentos.

Los trabajos de hoy en día y los previstos para los próximos años tendrán la misión de completar la construcción de la sacristía de poniente, de las torres centrales, así como la fachada principal; la de la Gloria.

Recordar a los lectores que en el número 37 de Descubrir el Arte, se publicó un artículo, escrito por Marie Claire Uberquoi, específico sobre la figura de Antoni Gaudí. Para los interesados, pueden obtener este número  en www.descubrirelarte.es/tienda.

 

 

 

 

 

 

 

 

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