Álvaro Alcázar: “Empezamos de nuevo para poner el arte a pie de calle”

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Referencia indiscutible del galerismo español a tenor de sus más de veinticinco años de trabajo, embarca a sus artistas en un espacio colosal de aire neoyorquino (500 metros cuadrados y 5 metros de altura) en la calle Ferrer del Río de la capital, con el ánimo de resistirse al apoltronamiento y empezar una nueva cuenta atrás

“Recuerdo cuando en una feria de Chicago teníamos que entregar un cuadro de Eduardo Úrculo esa misma noche y ante la imposibilidad de encontrar un transportista, el embajador español nos llevó en su coche con el cuadro a cuestas y cada uno de nosotros lo agarrábamos por sus esquinas como podíamos, con las ventanillas bajadas, incluidos Úrculo y el cónsul”.

Si algo define a este galerista afable, de elegancia modesta, son sus comienzos como aprendiz en la galería de su madre, Carmen Gamarra, con apenas quince años de edad. En el despacho de aquel local, a cual acudía después del cole, vivió las relaciones de complicidad y confianza que entonces establecía un galerista con los artistas a los que representaba. No en balde, el benefactor de esta mirada privilegiada sobre el mundo de la creación plástica fue, en primera instancia, su padre, publicista de profesión, quien convenció a Carmen para que, en lugar de abrir una papelería, participara en el ya efervescente comercio del arte contemporáneo en nuestro país, a principios de la década de los ochenta.

De izquierda a derecha, Álvaro Alcázar y Eduardo Arroyo, 2018.

Por la memoria de Álvaro Alcázar corren todas las ferias de ARCO, desde la primera edición de 1982 hasta la última en 2018; la forma de relacionarse de figuras señeras de la promoción del arte internacional del siglo XX en España, como Aurelio Biosca, Elvira González, Juana Mordó o Leandro Navarro; al igual que las muestras de fidelidad de muchos de sus artistas ante las nuevas rutas asumidas por su galería para sortear las limitaciones del gremio y la falta de incentivos estatales al mecenazgo artístico. El último de estos virajes es su reciente apuesta por una nueva sede de aire neoyorquino (500 metros cuadrados y 5 metros de altura) en la calle Ferrer del Río de la capital, con el ánimo de resistirse al apoltronamiento y empezar una nueva cuenta atrás.

De los años al frente de la galería Metta, a cuya dirección llegó para dar continuidad a la asombrosa labor ejercida por Gamarra, Álvaro mantiene la representación de Eduardo Arroyo (recientemente fallecido), Anthony Caro, Simon Edmondson, M. P. Herrero y David Nash. El resto de artistas que defiende hoy en la sala que lleva su nombre han ido llegando fruto del azar y de la identificación que él siente con ciertas formas de interpretar o decir el mundo.

Álvaro Alcazar en las obras del nuevo espacio, noviembre de 2018.

Pintores, escultores, fotógrafos de distintas generaciones y estilos conforman su amplia y ecléctica selección de calado dispar: mientras unos son históricamente significativos, otros son figuras a media carrera de resonancia internacional… Y es que para él, el valor de un autor reside en “la inteligencia de sus creaciones, en su capacidad de comunicar, de revelar una calidad de pensamiento y de generar belleza”. A su juicio, el argumento a la hora de vender una pieza es que el comprador “desee vivir con ella”, pues “nadie en estos tiempos puede garantizar la futura revalorización de un artista. Son pocos los que mantienen tenazmente su oficio hasta el fin de sus días”.

Pasión y amplitud de miras animan la vocación de este galerista comprometido que se erige una y otra vez pacientemente en abogado del arte tanto, claro está, para defender a sus artífices, como puntualizan sus palabras, “la grandeza de un galerista está en lograr que sus artistas estén bien representados”, como a favor de la sociedad llamada a disfrutarla. Según comenta, “las galerías también tenemos una responsabilidad social: conseguir que la gente, jóvenes y adultos, esté en contacto con al arte, con nuestro patrimonio, para conformar un gusto y una capacidad de reacción. Y en esto hemos fallado en los últimos años. Tenemos que ser capaces de hacer pensar”.

Sarcófago, por Kepa Garraza, 2018, carboncillo sobre papel, 160 x 240 cm.

De un tiempo a esta parte, Álvaro ha actuado en consecuencia a este ideal de galería como órgano de acción cultural más allá de su entidad organizando muestras colectivas bajo diferentes temáticas, en su anterior emplazamiento de Castelló, que han revitalizado el flujo de público de a pie, como Foresta animada, Soldaditos de papel o Con cabeza. Del mismo modo, hace un par de años se dio una tregua en la participación de ferias internacionales para reflexionar y alumbrar su papel de intermediador entre el artista y el amante del arte. Resultado de esta meritoria redefinición de su línea de trabajo es el traslado a este espacio recién inaugurado, de altura colosal, que cada temporada va a compaginar tres propuestas expositivas: Una individual, Una colectiva y Una pared entre ambas en la que diferentes artistas y comisarios internacionales aislarán una pieza y la someterán a examen. En estos días y hasta el 16 de febrero, tenemos la oportunidad de ver representada al completo la nómina de creadores que está con él, además de los ya mencionados, Luis Canelo, Rafael Canogar, Juan Garaizabal, Nigel Hall, Peter Krauskopf, Cristina Macaya, Antonio Murado, Guillem Nadal, Udo Nöger, Miguel Sbastida, Bosco Sodi y Julien Spiewak.

Carmen ESCARDÓ

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