Colección Teixeira de Freitas: una mirada amplia a lo intangible

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La Fundación Santander presenta por primera vez más de 300 piezas de casi 200 artistas que ha reunido este abogado brasileño residente en Lisboa a lo largo de veinte años. Una colección que pone el acento en lo conceptual a través de instalaciones, pintura, escultura, dibujo, fotografía o vídeos de Cildo Meireles, Damián Ortega, Alighiero Boetti, Esther Ferrer, Walid Raad, Gordon Matta-Clark, Mónica Sosnowska, Marcel Broodthaers o Abraham Cruzvillegas. Hasta el 9 de junio.

Bajo el título No habrá nunca una puerta. Estás adentro. Obras de la Coleção Teixeira de Freitas, la Fundación Santander, en la Sala de Arte Santander de la Ciudad Financiera de Boadilla del Monte (Madrid), presenta por primera vez al público parte de la colección que a lo largo de veinte años ha reunido Luiz Augusto Teixeira de Freitas. Una colección que cuenta con más de mil piezas de artistas muy relevantes de la creación contemporánea actual con nombres como Cildo Meireles, Dahn Vo, Damián Ortega, Jonathan Monk, Jorge Macchi, Carlos Garaicoa, Nina Canell, Thomas Struth, Robert Kinmont, Sanja Ivekoviće, Sofia Hultén, Thomas Ruff, Robert Breer, Bernd & Hilla Becher, Jonathas de Andrade, Armando Andrade Tudela, Walid Raad, Alighiero Boetti o Emily Jacir.

Una historia que comenzó a finales de los noventa, cuando Teixeira de Freitas adquirió sus primeras dos obras, dos dibujos de Howard Hodgkin y Hans Hartung en una subasta en Londres, y que acaba de concluir recientemente con la compra de una pintura de Jorge Queiroz porque como comentaba el coleccionista en la presentación de esta exposición ahora solo adquiere libros de artista. Una pasión por el arte contemporáneo casi compulsiva durante veinte años porque si dividimos el total de piezas reunidas en ese arco temporal da como promedio “que he comprado casi una obra de arte al día”, dice con humor. Cuando le preguntamos por qué esa obsesión por el arte, contesta que “no lo sé… Tenía una vida muy aburrida como abogado”.

Sobre estas líneas, Horizontes (parte 2 de 3), por Abraham Cruzvillegas, 2005 © Abraham Cruzvillegas y kurimanzutto, Ciudad de México-Nueva York. Arriba, Milagro italiano (Miracolo italiano), por Damián Ortega, 2005 © Damián Ortega y kurimanzutto, Ciudad de México-Nueva York.

Aunque es la primera vez que se muestra en público la colección, a lo largo de estos años ha prestado a menudo piezas a instituciones y museos porque desea que se vean, que se conozca el trabajo de todos estos creadores a los que ha apoyado desde sus comienzos en muchos de los casos. Además, aprovechando esta exposición, el coleccionista acaba de donar al Museo Reina Sofía Materia en reposo, de uno de los artistas más presentes en esta colección, Damián Ortega, una instalación compuesta por 1.700 ladrillos que es una reflexión, en palabras de la comisaria, Luiza Teixeira de Freitas (hija del colecionista), sobre las dificultades, materiales e inmateriales para construir un hogar. Hasta la finalización de esta muestra puede verse en los jardines de la Ciudad Financiera porque la comisaria deseaba que la gente que trabaja aquí se tope en su día a día con el arte contemporáneo y abundando en esa idea ha colocado también fuera de las salas expositivas Mampara o Obelisco transportable del mismo creador o We the people, de Danh Vō.

Materia en reposo, por Damián Ortega, 2003. Obra donada al MNCARS tras la exposición.

La arquitectura, la literatura o el compromiso político

El arte conceptual tiene una importancia capital en esta colección; lo intangible, la narrativa que rodea a la obra y que tiene muchas veces que ver con la arquitectura o con la literatura –otra de las pasiones de Luiz Augusto– y muy presente en la colección, como es el caso de Laberinto, una obra de la polaca Mónica Sosnowska, que Luiza Teixeira de Freitas conecta con el poema de Borges que titula la exposición. Pero también están presentes desde el compromiso político hasta reflexiones sobre la muerte y el paso del tiempo. Y es que el recorrido por está muestra es como un laberinto porque para la comisaria “el arte no tiene que ser fácil sino intenso”.

De cómo mi biblioteca se alimenta de una realidad concreta, por Carlos Garaicoa, 2006. VEGAP, Madrid, 2019.

De otro de los creadores por los que siente predilección, Jonathan Monk, se muestra Tree Piece, una obra singular y de un enorme contenido afectivo porque es una historia íntima entre artista y coleccionista: “Dos veces al año durante diez años, Monk plantaba un árbol para mí y hacía una Polaroid de cada árbol en el momento de plantarlo, y me la enviaba”, hasta que poco a poco el árbol se iba confundiendo con el paisaje. “La obra quedará terminada plantados los veinte árboles y tomadas las veinte fotografías”, le prometió Monk a Luiz Augusto, una promesa cumplida y cuyo resultado podrá ver el visitante que se acerque a la exposición.

Como decíamos antes, otro de los artistas referente en la colección es Damián Ortega, al que empezó a comprar muy joven y del que se muestran entre otras obras, la espectacular Milagro italiano (Miracolo italiano): tres vespas colgadas del techo que dan la bienvenida al visitante. También destacan las instalaciones de Abraham Cruzvillegas, Allora & Calzadilla, Carlos Garaicoa, Hans Peter-Feldmann, Gabriel Kuri o Nina Canell.

Casa Luis Barragán 2, por Juan Araujo, 2010, cortesía de Juan Araujo.

Aunque el discurso expositivo no es temático, sí que se pueden distinguir los diferentes temas que subyacen en las obras realizadas con muy diversas técnicas, desde la pintura, el dibujo, la fotografía, la escultura, el vídeo o la instalación hasta los libros de artista de más de 190 artistas. Dividida por apartados, sin un límite preciso, algunas veces el criterio es el técnico como un apartado dedicado al dibujo que recuerda en cierta forma a los gabinetes de la Ilustración, la exposición muestra las diferentes sensibilidades y motivaciones que nutren esta colección. Así, hay un apartado dedicado al compromiso político y social en Brasil, Cuba o Oriente Medio (países a los que el coleccionista se siente muy ligado), donde artistas como Carlos Garaicoa o Mona Hatoum cuentan diversas historias del presente y pasado reciente, y otras más íntimas, relacionadas como decíamos antes con con la literatura y la palabra, o el tiempo y la muerte.

Amor fresco (Cool Love), por Jorge Macchi, 1997, cortesía de Jorge Macchi.

Libros de artista y Ephemera

La colección de libros de artista y Ephemera, integrada en la Colección Teixeira de Freitas, empezó de forma paralela a la colección principal, y se concibe desde la pasión de Luiz Augusto por la literatura y los libros, también porque para Luiza Teixeira de Freitas “un libro de artista es portador de algo especialmente personal y auténtico para la práctica artística”, y requiere dedicación y tiempo, un lujo en estos días.

Your House, por Olafur Eliasson, 2006 © Olafur Eliasson, cortesía del artista y de Tanya Bonakdar Gallery, Nueva York-Los Ángeles.

Primero se centró en libros de artistas representados en la colección y luego se expandió a creadores conceptuales de los sesenta y setenta, documentos, carteles, etc. Hoy han puesto en marcha Taffimai, una pequeña editorial para libros de artista.

En definitiva, una muestra que hace hincapié en la memoria colectiva y en lo afectivo porque al fin y al cabo una colección está íntimamente ligada a los sentimientos y emociones de quien ha tenido la voluntad de reunirla a lo largo del tiempo.

Á.S.C.

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