Rembrandt y el retrato en Ámsterdam

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El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza expone los retratos que el pintor holandés realizó en Ámsterdam desde 1631 junto a los realizados por otros artistas coetáneos que también desarrollaron su trabajo en la capital de los Países Bajos. Hasta el 24 de mayo

La genialidad de aquellos que desarrollan el género del retrato reside, ante todo, en su capacidad de dotar de alma a un rostro. Algunos pintores del Siglo de Oro holandés se acercaron a este propósito, pero quien lo logró con creces fue Rembrandt, que brilló por su excelencia en la pintura, el dibujo y el grabado.

Sobre estas líneas, Retrato de Hendrickje Stoffels, por Rembrandt, 1654-56, óleo sobre lienzo, Londres, National Gallery. Arriba, Autorretrato con gorra y dos cadenas, por Rembrandt, 1642-44, óleo sobre tabla, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza.

Hasta el 24 de mayo de 2020 el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid presenta Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, 1590-1670, una exposición dedicada a los retratos que el pintor holandés llevó a cabo desde su llegada a Ámsterdam en 1631. Al mismo tiempo, se exponen numerosos retratos de artistas contemporáneos a Rembrandt y que también desarrollaron sus obras en la capital holandesa.

De esta manera, se pueden establecer paralelismos y divergencias entre sus cuadros y los de pintores como Dirck Santvoort, Govert Flinck, Frans Hals (residía en Haarlem pero tenía clientes en la capital), Bartholomeus van der Helst o Ferdinand Bol, entre otros.

Gobernantas y celadoras de la Spinhuis (detalle), por Dirck Santvoort, 1638, óleo sobre lienzo. Ámsterdam Museum, Amsterdam.

En esta exposición, comisariada por Norbert E. Middelkoop, conservador del Museo de Ámsterdam, se da a conocer la evolución del retrato a lo largo del siglo XVII en Ámsterdam. Para ello se parte de retratos en las que están presentes aspectos de la tradición, que son contrastados con cuadros que marcaron la historia por su carácter innovador.

Por otro lado, se muestran los primeros retratos de Rembrandt a su llegada a Ámsterdam así como los de algunos de sus competidores. En las últimas salas se observa cómo hay una tendencia hacia retratos en los que predomina el cromatismo, la luz y el refinamiento, que rompen con el gusto de Rembrandt quien, a pesar del paso del tiempo, mantenía su gusto por el claroscuro.

Retrato de un hombre, posiblemente Jan van Hellemont, por Govert Flinck, 1646, óleo sobre lienzo, North Carolina Museum of Art, Estados Unidos.

El estilo de Rembrandt radica no sólo en el uso de contrastes de luces y colores cargados de dramatismo, sino también en su pincelada vibrante, capaz de imprimir vida a cada personaje. Las miradas parecen atravesar los cuadros y establecer una conversación con el espectador.

Consciente de su valía como artista, Rembrandt se autorretrató en numerosas ocasiones, y al mismo tiempo llevó a cabo obras en las que representó a su mujer Saskia van Uylenburgh y a su posterior relación sentimental, Hendrickje Stoffels. También llevó a cabo retratos de nobles y de grupo, entre los que destacan los miembros de la Guardia Cívica y de las cofradías.

Joven disfrazada, posiblemente Saskia Uylenburgh, por Rembrandt, 1633, óleo sobre tabla. Ámsterdam, Rijksmuseum.

Sin embargo, a pesar de la variedad de sus retratos, en todos ellos se reflejan un punto en común: su rotunda personalidad marcada por un profundo conocimiento de la psicología humana.

Saskia GONZÁLEZ VOLGERS

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