Murales de Estepona: naturaleza y arte

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Esta ruta de pinturas sobre muros de edificios es una de las más atractivas. Esta ciudad malagueña cuenta en la actualidad con más de 50 obras a las que hay que sumar las que se han realizado recientemente en el II Concurso Internacional de Murales. A este certamen se han presentado 104 proyectos de artistas de países como Brasil, Canadá, República Checa, Argentina, México, Italia y Uruguay…

Sebastián GÁMEZ MILLÁN

Entre la sierra Bermeja y el mar Mediterráneo se encuentra Estepona, ciudad malagueña con unos 73.000 ciudadanos empadronados (con todo, vivirán unos 100.000, alcanzando en verano unos 150.000 de modo aproximado) que tradicionalmente ha vivido de la agricultura y la pesca, pero que desde hace unos años ha potenciado de manera sorprendente su fuente de trabajo e ingreso con el turismo y la construcción, hasta el punto de que en la actualidad pocos municipios pueden presumir de edificar al ritmo que se hace en allí, conciliando en un difícil equilibrio el desarrollo humano y la naturaleza sostenible.

Parque Botánico-Orquidario.

Basta con pasear por su rehabilitado casco antiguo, compuesto de unas 120 calles y unos 17 km de recorrido. Podemos comenzar por la plaza de las Flores, con la Casa de las Tejerinas, que acoge exposiciones de arte y que conserva entre sus piezas obras que van desde un bodegón pop de Eugenio Chicano a un rostro expresionista de Santiago Ydáñez; perderse por el entramado de calles de casas blancas adornadas con unas 20.000 macetas de diferentes colores cargadas de plantas y flores, toda una fiesta de luces naturales; llegar hasta la plaza Blas Infante, donde se encuentra Milagros, una sensual escultura de Santiago Santiago en medio de unos jardines. Justo al lado, el Museo Arqueológico. A continuación caminar hasta los restos del Castillo de San Luis, ordenado construir en el siglo XVI por los Reyes Católicos para reforzar las murallas de la ciudad.

Calle de San Antonio.

Luego seguir hacia la Torre del Reloj y la Iglesia de los Remedios, con elementos marianos, franciscanos y coloniales; sentarse en uno de los rincones de la plaza Juan Bazán, al estilo tradicional de los patios andaluces. Una vez descansado, regresar atravesando la plaza Ortiz, con una fuente y otra escultura, Mavi, ya frente al mar y el paseo marítimo, de unos 3 kilómetros, que nos invitan a caminar entre el rumor de las olas y el estallido de tonalidades de las flores. Si el visitante está en forma y lo desea puede continuar, bien andando, bien en bicicleta, por la senda litoral, que habrá alcanzado unos 18 kilómetros de los 23 de costa de Estepona, en un proyecto de la Diputación de Málaga, denominado “El corredor del Litoral”, que pretende trazar un camino de 160 kilómetros por toda la costa de la provincia.

Torre del reloj.

Para los amantes de los deportes dispone de una Ciudad Deportiva con un estadio de Atletismo, campo de fútbol, baloncesto, numerosas pistas de tenis y pádel… No en vano fue elegida en 2013 Capital Deportiva. Si, en cambio, nos gusta más la naturaleza y hemos recorrido los encantos de la sierra Bermeja, dispone de un Parque Botánico-Orquidario, si bien las flores nos acompañan casi en todo tiempo: se encuentra claramente justificado el nombre “Jardín de la Costa del Sol”, que sigue el proyecto de un relato. Aquellos que prefieran otras modalidades de ocio disponen del teatro Felipe VI, con 600 butacas, o de cualquiera de las tres rutas que ofertan: poesía, escultura y murales.

Paseo Marítimo.

Por medio de la primera se puede leer en piezas de cerámica más de treinta poemas que van desde temas populares abordados por andaluces universales, como Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, padres de la llamada “Generación del 27”, conocida también por su elevada calidad como “Edad de Plata”, a poetas contemporáneos como Antonio Gala o el joven Alejandro Simón. Mención especial merece el conjunto dedicado a Manuel Alcántara alrededor de una bonita fuente rodeada de flores y árboles, con un busto del poeta de las columnas periodísticas que no podía vivir sin contemplar el mar.

Museo de esculturas al aire libre.

En consonancia con una ciudad cosmopolita donde conviven personas de 120 nacionalidades, tampoco pueden faltar clásicos internacionales: desde Shakespeare o Víctor Hugo a Rilke y Szymborska. La ruta de las esculturas ofrece la posibilidad de contemplar casi medio centenar de obras distribuidas por el espacio público, con monumentos que reconocen temas locales como Homenaje a la mujer de Estepona, de Francisco Alarcón, o Padre Manuel, de Joaquín Aguilera, a otros que reivindican el sistema de libertades, igualdad y justicia que defiende el Monumento a la Constitución, de Francisco Alarcón y José Cano Mancilla, situado en el parque del mismo nombre. A veces echo de menos criterios que ensamblen el conjunto, pero entiendo que no es fácil: los gustos, como la naturaleza, son plurales. Sin duda el espacio que concentra más obras es el llamado Museo de esculturas al aire libre, que reúne 11 piezas de Santiago Santiago en un parque junto al mar que combina naturaleza y cultura.

Castillo de San Luis.

Quizá por sus dimensiones y por permitir gozar de nuevo del arte al aire libre, la ruta de los murales es una de las más atractivas turísticamente. En la actualidad Estepona cuenta con más de 50 murales, a lo que hay que sumar al menos diez que se realizaron recientemente en el II Concurso Internacional de Murales. Se han presentado 104 proyectos, un 48 por ciento más que en el anterior concurso. Artistas de países como Brasil, Canadá, República Checa, Argentina, México, Italia y Uruguay…

Mural Día de pesca, por José Fernández Ríos.

De los murales más destacados de otros años cabe resaltar Día de pesca, de José Fernández Ríos, que refleja un motivo costumbrista de la zona con singular perspectiva y destreza, de tal manera que es considerado el mural horizontal de mayor superficie de España. Su capacidad de adaptarse al contexto la demostró también en Reflejos del jardín, considerado el mural vertical más grande de Europa realizado por un solo artista, donde simula un entorno natural en los alrededores del Parque Botánico-Orquidario. Por último, de este artista de la localidad sobresale, por su perfección técnica, Regando el jardín, donde apreciamos a una niña y su sombra realizando una tarea doméstica cotidiana, pero que con el personaje elegido y la ternura que despierta la inocencia de la infancia es difícil no identificarse.

Mural Regando el jardín, por José Fernández Ríos.

Durante este último concurso me han llamado la atención principalmente cuatro murales: Fragmentación de un entorno concreto, de Alberto Montes Sánchez, por cómo sintetiza la figuración y la abstracción adaptándose al contexto vegetal del alrededor; una obra que carece de título de un artista brasileño, Alex Senna, que representa dos cuerpos humanos, uno apoyado en el otro, con cabezas imaginarias puntiagudas que, con sus formas sinuosas, simula movimiento dentro de una geometría de líneas azules; otro mural de momento sin título ejecutado por Alejandro Gambín Vicente en un barrio humilde de pescadores, inspirada en una foto del archivo de Estepona, donde observamos en blanco y negro a dos niños merendando y uno de ellos gira la cabeza y mira al espectador. La cuarta, titulada Nutrir, de la sudafricana Samantha Jordaan, es una imagen simbólica en la que, en medio de la vastedad del cielo, de un trozo de tierra brota una mujer que a su vez sostiene la naturaleza. Como tuve la oportunidad de comunicarle, capta como pocos el espíritu del tiempo, en los que la ecología y las mujeres (o, si se prefiere, la igualdad) son dos de los temas que más nos urgen.

Sin título, por Alejandro Gambín Vicente.

Nutrir se sumará a otros murales de temática similar, como Antonia Guerrero, Sueño de libertad, de Francisco Alarcón Pérez, en el que vemos el rostro de una mujer en el momento del sueño y arriba, en el espacio imaginario, un ave volando que representa el sueño de la libertad que aguarda ser conquistado. En Estepona podemos disfrutar de otros murales que contribuyen a la integración social: pienso en el primer mural braille de España, obra de piezas de cerámica del asturiano Francisco Redondo, creador de un sistema que combina el braille y los pictogramas con el fin de que las personas con problemas visuales puedan experimentar el arte de otro modo.

Nutrir, de la sudafricana Samantha Jordaan.

Además de embellecer el espacio público, dotar de identidad a la ciudad y fomentar el turismo, los murales están sirviendo para rehabilitar espacios más humildes y empobrecidos. “Será muy interesante comprobar cómo se transforman los entornos urbanos con las intervenciones artísticas que se están proyectando”, ha declarado el alcalde de Estepona, José María García Urbano, principal artífice de la transformación que ha experimentado la ciudad desde su gobierno. El arte no sólo tiene el poder de transformar al artista y, por analogía en el acto de recepción, al espectador. También, con la debida colaboración de las personas y las instituciones, posee el poder de transformar el entorno social.

Momento pasajero. Tiempo, efímero, instante, por Ángel Xolaka.

Tengo para mí que la mayor creación de libertad humana es una ciudad, el espacio donde nacen y crecen los seres humanos. Pero al mismo tiempo la ciudad es creada y recreada por sus ciudadanos. Somos, pues, creación y creadores de la ciudad. Es un logro de un valor incalculable que los ciudadanos se sientan identificados con el proyecto de ciudad y cuiden de la misma; es un logro decisivo que se sientan cómplices y partícipes del espacio en el que residen y habitan, responsables de sus aventuras y desventuras. Como la diversa Andalucía, Estepona, esa sabia combinación de naturaleza y cultura, representa un arte del buen vivir.

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