La fotografía directa de Paul Strand aterriza en el KBr de Fundación MAPFRE

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Fundación MAPFRE presenta por primera vez al público en su nuevo centro de fotografía en Barcelona, el KBr, la colección de obras, la más extensa que se conserva fuera de EE UU, de este autor que fue el gran abanderado de la fotografía directa. Hasta el 24 de enero

Se ha dicho en múltiples ocasiones que Paul Strand supo explotar como nadie en su época todas las posibilidades de la cámara fotográfica y, especialmente, su inmenso poder mecánico. Pero siendo esto cierto, una mirada natural sobre su obra nos inclinaría más a ver en sus imágenes un sentimiento transmitido de forma impecable y contundente.

Es decir, que el verdadero poder de sus retratos, y hasta de sus representaciones de las cosas, de los acontecimientos inmovilizados en su retina –en la de su cámara–, se encuentra en la observación empática del mundo en general y en la honestidad de su percepción, que se transmite a la mancha que aparece con el revelado de una manera directa, fresca, sin filtros ni manipulaciones, y es por ello que con él nace la straight photography, la fotografía directa.

El Sr. Bennett, West River Valley, Vermont, 1944, plata en gelatina. Paul Strand, Colecciones Fundación MAPFRE © Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive.

Una vida en instantáneas

Paul Stransky nació en Nueva York en 1890, en el seno de una familia inmigrante de Bohemia, que había llegado a los Estados Unidos en 1840. Tras su nacimiento, su padre, Jacob, vendedor de utensilios de cocina franceses, cambió el apellido Stransky por el de Strand. En casa vivían también sus padres, su tía y su abuela materna. A los doce años, su padre le regaló una cámara Brownie, que permaneció en una estantería hasta que pasó de los juegos de la infancia y la escuela pública a la Ethical Culture School.

El punctum en la vida de Strand –si podemos también aplicar a la vida esa suerte de “azar” en fotografía del que habla Roland Barthes– será su primera visita a la galería 291, de la mano de Hine. Allí conoció a Alfred Stieglitz, que sería su mentor, y a otros artistas reconocidos, como Julia Margaret Cameron, Edward Steichen, Robert Adamson o Gertrude Käsebier. Tenía diecisiete años, y fue en ese momento cuando decidió que sería fotógrafo. La 291 también exponía obra de pintores de la vanguardia europea, y fue allí donde Strand y su padre conocieron los cuadros de Picasso y Cézanne.

Desarrollo y experimentación

Strand era muy pausado y preparaba con detalle las tomas, siempre tratando de explorar todas las posibilidades de la cámara que tenía entre manos, un carácter y una disposición que llevaron a Stieglitz a definirle como “un caminante lento pero constante”. Adquirió pronto un estilo personal reconocible, admirado por colegas como Ansel Adams, que decidió seguir también la senda de la straight photography.

Tir a’Mhurain, isla de South Uist, Hébridas Occidentales, 1954, plata en gelatina. Paul Strand, Colecciones Fundación MAPFRE © Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive.

Desde la década de 1930, en sus diversos viajes por el sudoeste de los Estados Unidos, Canadá y México, Strand llevó a cabo una serie de estudios de pueblos a través de sus gentes y de los elementos culturales que los identificaban, un tipo de trabajos, basados en el viaje y el conocimiento que del mismo se deriva, que seguiría desarrollando durante el resto de su carrera.

El mundo del cine

Paralelamente, desde que en 1918 se alistó en la armada y fue destinado a la Clínica Mayo, donde se dedicó a filmar las operaciones de cirugía para su posterior estudio por los médicos, empezó su relación con el mundo del cine, realizando algunas películas pioneras en el lenguaje fílmico de la vanguardia, como Manhatta (1921), a partir del poema de Walt Whitman Mannahata, en la que se describe el ritmo trepidante de la ciudad de Nueva York a lo largo de un día.

Abstracción, tazones, Twin Lakes, Connecticut, 1916, plata en gelatina. Paul Strand, Colecciones Fundación MAPFRE © Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive.

En 1935 viajó a Moscú, donde conoció al cineasta Serguéi Eisenstein, que había visto y admiraba su trabajo, y le propuso colaborar con él, algo que resultó finalmente imposible al no poder conseguir un permiso de trabajo. Posteriormente, desde 1937 y hasta la disolución de la compañía en 1942, fue el presidente de Frontier Films, para la que produjo siete documentales, entre ellos, Heart of Spain (1937), realizado por Herbert Kline con fotografía de Geza Karpathi, y Return to Life (1938), dirigido por el joven fotógrafo Henri Cartier-Bresson, ambos con una clara voluntad de apoyo político y propagandístico al bando republicano en la Guerra Civil española.

Del MoMA al KBr

Después de una década haciendo películas, con cincuenta y tres años, Strand vuelve a la fotografía. En 1945, Nancy Newhall, directora del departamento de Fotografía del MoMA, le propone preparar una exposición de su obra, en la que sería la mayor retrospectiva que el museo neoyorquino había dedicado a un fotógrafo hasta ese momento, una colaboración con Newhall que se prolongaría en la edición de un libro sobre Nueva Inglaterra, Time in New England (1950).

Tras dos matrimonios que terminaron en divorcio, conoció a Hazel Kingsbury, asistente de la fotógrafa de moda Louise Dahl-Wolfe, con la que viajó a Francia en 1950 y se casó en 1951, un periplo del que surgió el libro La France de profil (1952). Nuevos viajes le llevarían a Egipto en 1969 –Living Egypt–, Marruecos, Rumanía y Ghana, cuyo libro terminó en 1976, el mismo año de su muerte en Orgeval, la ciudad francesa donde residía.

Anna Attinga Frafa, Acra, Ghana, 1964, plata en gelatina. Paul Strand, Colecciones Fundación MAPFRE © Aperture Foundation Inc., Paul Strand Archive.

Hasta el final de su vida, Paul Strand se interesó por la gente sencilla y sintió verdadera fascinación por el diálogo entre texto e imagen. Su trabajo estuvo marcado por las imágenes quietas y nítidas, tantas de ellas inspiradoras por la calma y la naturalidad que transmiten. Curiosamente, dos de las más representativas son dos vallas blancas que enmarcan su trayectoria, una de 1916 –The White Fence, Port Kent, New York– y otra de 1950 –Farm, Picardy, Flanders, France–. En definitiva, un fotógrafo que se veía a sí mismo “como un explorador que ha empleado su vida en un largo viaje de descubrimiento”.

Este otoño, Fundación Mapfre, en su nuevo espacio dedicado a esta disciplina artística en Barcelona, el Centro de Fotografía KBr, expone 110 obras de las 131 que posee la Fundación –la colección más completa del autor custodiada en una institución europea–, que conforman un amplio y significativo recorrido por la trayectoria de uno de los fotógrafos más importantes e influyentes del siglo XX.

El Centro de Fotografía KBr es el nuevo espacio de Fundación MAPFRE dedicado a esa disciplina.

*Extracto de un artículo de Marie-Geneviève Alquier B.

Datos útiles

Paul Strand. Colecciones Fundación MAPFRE

Centro de Fotografía KBr, Fundación MAPFRE Barcelona

Del 9 de octubre al 24 de enero

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