Kaunas, contrastes que fluyen entre la corriente modernista

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En el periodo entreguerras, Kaunas, por aquel entonces capital de Lituania, fue artífice de una apasionante transformación cultural y urbanística. Declarada Capital Europea de la Cultura 2022, la ciudad abre sus puertas con una programación compuesta de, literalmente, 1.000 pretextos culturales, gracias al torrente creativo de 2.000 artistas de 140 ciudades

Entre el ritmo vibrante de su Ciudad Vieja y la arquitectura viva de sus 6.000 edificios modernistas, las aguas de los ríos Niemen y Neris nos sumergen en corrientes artísticas del siglo XXI, donde Yoko Ono y Marina Abramović navegan contracorriente, y entre el vaivén de un peculiar arte callejero o una exhibición ineludible: expuesta en la Oficina Central de Correos, uno de los edificios más emblemáticos de la capital, la muestra 1972. Rompiendo el Muro invita a experimentar un remolino de emociones. Una coral artística que grita, desde sus lienzos, su pasado más oscuro.

Un funicular en Aleksotas cercano a la Navidad de 1935

Los 142 metros que desafían una pendiente de 30 grados podrían parecer anecdóticos. Nada más lejos de la realidad, porque el funicular que une el Puente Vytautas el Grande y la colina Aleksotas es uno de los 44 emblemas históricos de la ciudad que, por su valor histórico y desde 2015, está reconocido con el Sello de Patrimonio Europeo. El trayecto, breve y nostálgico, conserva el encanto de dos vagones metalizados granates y varios asientos de madera, también originales.

Funicular en Aleksotas. Foto: Lali Ortega Cerón.

En apenas dos minutos, el traqueteo sosegado de los años 30 se asoma al contraste de Kaunas 2022. Las vistas son inigualables: el casco histórico, el Monasterio Barroco Pažaislis, la espigada torre blanca de la Iglesia de la Resurrección de Cristo (transformada en fábrica durante la ocupación soviética) y el Puente Vytautas sobre el río Niemen, cuyas aguas tranquilas nos regalan, una mañana de domingo, un tintineo dorado y caprichoso según juguetee el sol. El funicular, junto con el de Zaliakalnis, surca las colinas de la segunda ciudad más numerosa de Lituania. Se inauguró oficialmente el 6 de diciembre de 1935.

Courtyard Gallery, un patio de emociones muy particular

Mientras una pareja se desliza río abajo en una piragua, lenta y rítmicamente, el domingo apenas se ha desperezado en el patio más artístico de Kaunas. Cerca de la Sinagoga Coral de la ciudad, una de las dos que sobrevivieron al Holocausto, una silla azul sobre un friso algo destartalado invita a visitar, de 9 a 19 h. de la tarde, una comunidad de vecinos que, si bien vivían ajenos entre sí, han estrechado sus vínculos en torno al arte.

En Courtyard Gallery, una iniciativa diseñada gracias a la sensibilidad de Vytenis Jakas, todo tiene su historia. La elemental es que, en el periodo de entreguerras, aquellas casas fueron habitadas, en su mayoría, por familias judías. Entonces los lazos eran estrechos y las tardes, en torno a un café o a una celebración, transcurrían acogedoras alrededor de la mesa que presidía su espacio central. Después, todo se tornó oscuro y sin color, salvo el de la sangre derramada. Y, como los duros inviernos, aquellas vidas, aquellos encuentros apacibles, se congelaron y desmembraron, como cuchillos, en mil pedazos afilados. Hasta 2014.

Las normas para visitar este enclave que reivindica, en un mundo global, la importancia de las raíces en el lugar donde la vida transcurre, son claras: se puede curiosear en silencio, sin grandes aspavientos y sin colarse por los rellanos de acceso a las escaleras. Y a pesar de que cuanto más se observa el entorno, más se despierta el deseo de fisgonear entre la originalidad del edificio y los faldones de ganchillo que esconden las tuberías, no hay que olvidar que aquí viven sus propietarios.

En medio del silencio dominical, un gato de ojos saltones, inmortalizado en una ventana amarilla, entona la nota aguda y recuerda a los vecinos que no se debe tirar la basura en las zonas compartidas. A sus pies, la luz incide en un collage de cristal con forma de flor. Si antaño las parejas jóvenes festejaban sus enlaces, o la llegada de su primer hijo, en el siglo XXI los recién casados, previa petición por e-mail, inmortalizan su cambio de vida en este escenario donde cada día observa el panorama un arlequín tras una cámara antigua, un rostro en sepia y un hombre pintado en la base azul de un voladizo.

La fiebre de un arte entreguerras: 6000 edificios modernistas

Quien espere encontrar en Kaunas las ornamentadas curvas y contracurvas de Gaudí, o las que ondulan entre edificios singulares en Cartagena, Bruselas y Viena, la Capital Europea de la Cultura 2022 nos habla de otro concepto especialmente fértil en las décadas comprendidas entre las dos Guerras Mundiales. Bajo el lema Modernismo para el Futuro, la ciudad universitaria de Kaunas ha sido escogida para ostentar este título gracias, en parte, a los 6000 edificios construidos en un brevísimo espacio cronológico. Tiempo pasado para construir el futuro.

Si anualmente esta capital de Lituania acoge en sus cinco universidades a unos 30.000 estudiantes, entre 1920 y 1939 fueron los intelectuales y arquitectos que estudiaban y trabajaban en otras capitales europeas los que importaron, y reinterpretaron, el movimiento Bauhaus, que integraba el arte en la vida cotidiana. Un siglo después, aquel movimiento lineal y rotundo, donde la única licencia decorativa se proyecta en balcones redondeados, frisos decorados y bustos serenos dentro de algún medallón, se cuela entre la brisa y las hojas de modernos paseos arbolados.

Edificio modernista en Kaunas. Foto: Lali Ortega Cerón.

Compartir las particularidades de esta fiebre constructiva es la génesis de Ekskursas, la abreviatura de Visita Guiada Corta en lituano: un proyecto apasionante que, gracias a un nutrido grupo de arquitectos, permite ahondar en el diseño racionalista de esta época independiente. Ellos tienen la llave para despertar el interés de este rico patrimonio en proceso de rehabilitación y, literalmente, para que los visitantes accedan a los edificios Art Deco más llamativos de la ciudad, en los que incluso, gracias a iniciativas privadas, se puede pernoctar. Todos ellos constituyen el engranaje urbanístico de una máquina del tiempo que, de hecho, forma parte de la Lista Tentativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

El corazón de Kaunas late entre 1.000 propuestas

Observar la expresiva residencia que el arquitecto Peras diseñó en 1928 para los empresarios M. Posvianskis y G. Klisas; recorrer el pequeño puente que aún permanece en el Jardín Botánico; descubrir los postes (decorados con corazones) del hospital privado donde el doctor Vitalijus Gusevas realizó, con éxito, la primera cirugía cardíaca del país; abrir y cerrar puertas de casas particulares y edificios; asomarse desde las azoteas a la historia de Kaunas a través de las sensaciones arquitectónicas, son tan solo una parte del voluminoso programa cultural con motivo de su capitalidad cultural. Junto a este optimismo arquitectónico, la ciudad ha articulado un calendario de obras de teatro, encuentros de literatura y poesía, conciertos (entre ellos la Royal Orquesta Filarmónica), talleres creativos, formaciones, recorridos museísticos, espectáculos acuáticos, o festivales dedicados al paisajismo y la gastronomía. Y, cómo no, exposiciones (un total de 60) en edificios que atestiguan su época dorada.

Hasta el 31 de julio, la Kaunas Picture Gallery acoge el particular universo de Marina Abramović. Bajo el título Memoria del ser, la artista serbia continúa su exploración desafiante sobre los límites físicos y psicológicos del comportamiento humano, las relaciones afectivas y el binomio cuerpo-mente. Entre las 22 instalaciones visuales, y auditivas, se incluyen Light/Dark (1977), AAA-AAA (1978) y The Lovers (1988), la última performance dual entre Abramović y su expareja Ulay. En la segunda planta, reconforta ver su obra The Kitchen I: Levitation of St. Theresa, donde la artista rememora, entre lo divino y lo humano, los recuerdos de su infancia en la cocina de su abuela, donde confiesa quedaron sus mejores momentos.

El Banco de Lituania, uno de los ejemplos más emblemáticos de la arquitectura de entreguerras en Kaunas, alberga la impactante reflexión de Yoko Ono en torno a las secuelas de la guerra y los desastres naturales. Entre 100 ataúdes de madera y árboles frutales, el sonido de la naturaleza viva supone una metáfora sobre la resilencia. La instalación Ex it constituye el preámbulo de la retrospectiva que la artista presentará en septiembre, bajo el título The Learning Garden of Freedom, en Kaunas Picture Gallery (ubicada, por cierto, cerca de la casa donde George Mačiūnas, el fundador del movimiento Fluxus, pasó su infancia).

1972. Rompiendo el Muro… y el silencio

No es ficción. Al lado del cine Romuva, un grito artístico, y ensordecedor, se escucha en la sede de la Oficina Central de Correos, un imprescindible de la ruta modernista de Kaunas. Entre su decoración cuajada de símbolos destaca la ornamentación de las ventanas, que rememoran las tallas de madera, el suelo de cerámica con patrones populares y los motivos florales trenzados entre tulipanes y lirios.

Entender la atmósfera que se crea en la exposición 1972. Rompiendo el Muro es rememorar la inmolación del joven Romas Kalanta y su sobrecogedora protesta contra el régimen soviético. Un equipo multidisciplinar de historiadores, bajo la dirección de R. Žukiene, rememora aquel pasado entre una secuencia de fotografías, música, cine, moda y arte moderno, abiertamente opuesto al sistema soviético, opresivo con el pensamiento crítico y la expresión artística. Además de obligada, lo más recomendable es visitar la muestra con uno de los guías especializados, ya que son muchos los mensajes que subyacen en cada pieza y muy diversas las circunstancias en las que se crearon estas obras. Un movimiento clandestino, fruto de la carencia de la libertad que, entre 1970 y 1990, otros países disfrutaban a ritmo de rock and roll.

Obra de la muestra 1972. Rompiendo el Muro. Foto: Lali Ortega Cerón.

Frente al edificio, un ramo de flores y una placa metálica recuerda a un Romas Kalanta que ni siquiera llegó a cumplir los 20 años. La llama que prendió su cuerpo sigue viva y la inscripción de su cuaderno «Mi muerte fue culpa del sistema» marca el alma. A la derecha de este icono modernista, el Museo de la Guerra antecede a una plaza donde un niño de apenas dos años juguetea, entre fuentes frescas que aparecen y desaparecen, bajo una mole soviética a la que le han lavado la cara. Y, a la izquierda, la estatua de un sembrador de estrellas se ilumina, cada día, al caer la tarde. Entre los restos de la antigua muralla, dos amigos practican running.

La vida prosigue, vibrante, entre el encanto de su Ciudad Vieja

Hay otro Kaunas, el que se remonta a su época medieval, cuando su puerto fluvial era el último al que podían arribar los comerciantes extranjeros para vender sus artículos a los mercaderes locales. El contraste tiene tanto encanto que, desde luego, merece ser descubierto sin mirar el reloj y comentado en uno de los cafés que jalonan la antigua plaza del mercado, un punto de encuentro lleno de vida. Sus pequeñas portezuelas, que dan paso a sótanos diseñados con mimo, ofrecen un llamativo contraste con la Catedral Basílica de San Pedro y San Pablo, cuyo estilo gótico tardío, que se remonta a 1413, la hace única en toda Lituania.

Entre el trazado urbanístico del siglo XIV, vestigios barrocos, renacentistas y neoclásicos se cuelan entre su arquitectura civil gótica, entre la que destaca la Casa de Perkunas, una joya en ladrillo que honra la Liga Hanseática. También antiguos almacenes de su época floreciente, detrás de la iglesia de San Francisco Javier, reconvertidos en oficinas, viviendas particulares, hoteles y restaurantes. Entre aquella poesía pasada, el presente desemboca en el Castillo de Kaunas, una fortaleza de mitad del siglo XIV que alberga un museo, una galería de arte y, según los lugareños, algún que otro fantasma inofensivo que vaga de vez en cuando por sus dependencias. Fuera, en su explanada verde y mullida, la vida transcurre entre el trasiego de turistas, parejas que se acarician y un grupo de adolescentes que juega (con permiso del baloncesto, el deporte nacional) al fútbol.

Son las diez de la noche y la tarde se resiste a caer. Un grupo de amigos se para y observa una de las pinturas que, en la pared de un antiguo edificio, contribuye al curioso arte callejero por el que Kaunas es de sobra conocido. Es su última parada antes de iniciar su travesía en SUP por el lago Lampėdis, bajo las estrellas. Tienen que darse un poco de prisa: es verano y, en estas latitudes, el encanto de la noche apenas dura siete horas.

Lali Ortega Cerón

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