El Museo de Arte de la Diputación de Antequera (MAD) reafirma su compromiso con la excelencia artística ofreciendo la oportunidad única de refugiarse en el universo inagotable de una artista que invita al visitante a habitar su belleza. Hasta el 20 septiembre
“Mientras estoy pintando, estoy feliz”, confiesa Maribel Alonso. Y, contemplando sus creaciones, no me sorprende su afirmación. Se diría que el arte y, en particular, sus pinturas, nos resguardan ante las adversidades del mundo. Es como si hubieran sido concebidas para ser habitadas, para viajar hasta ellas con el vuelo de la imaginación y refugiarnos de las inclemencias del tiempo.
El título elegido, “realismo mágico”, fue acuñado originalmente en 1925 por el crítico alemán Franz Roh para describir el postexpresionismo, una corriente pictórica europea de entreguerras que trataba de captar el misterio y la magia de la realidad cotidiana. Más tarde Alejo Carpentier empleó el término “lo real maravilloso”, popularizado posteriormente como “realismo mágico”. Maribel Alonso nos invita a descubrir en Antequera la realidad cotidiana de otra manera, bajo otra mirada, capaz de iluminar cuanto nos rodea.
Entre los géneros pictóricos que más ha cultivado sobresalen por su número y por su calidad paisajes e interiores, aunque también ha tratado vistas urbanas, jardines, plantas, animales, insectos, bodegones, cuentos clásicos o temas inspirados en la Semana Santa. Precisamente obtuvo en 1989 el Premio Bacardi por Catedral de Senlis, que ofrece una perspectiva recurrente en las vistas urbanas de Maribel Alonso y que podemos denominar “mirar desde lo alto” o, si se prefiere, a vista de pájaro.
Esta singular perspectiva es frecuente en uno de sus pintores predilectos, Brueghel (1526-1569). Al igual que el maestro holandés, Maribel Alonso pinta lo que llamo obras-mundos en las que aparecen numerosas personas dentro de un espacio urbano que a su vez es rodeado por la naturaleza. Asimismo, es significativo que tanto sus paisajes comuniquen con construcciones humanas como que sus interiores lo hagan a través de ventanas y puertas con paisajes. Es un aspecto que se aprecia en Desde la ventana, cualquiera de los interiores o Los ojos que contemplan.

Ahora bien, si hay un elemento que ensambla toda su pintura es la geometría. Junto con sus cuidadas composiciones, me atrevería a decir que su pintura se vertebra en torno a ella. Gracias a la geometría alcanza una belleza intersubjetiva. Maribel Alonso posee, pues, un peculiar estilo, un mundo propio, inconcebible sin una serie de repeticiones y elementos comunes, como figuraciones geométricas e idealizadas, composiciones barrocas y llenas de detalles, tonos de colores intensos y vívidos, y temas tratados.
Y este estilo y mundo propio inspira la sabiduría de la inocencia. No es un oxímoron o una antítesis: hay una sabiduría que brota de la inocencia, aunque son tan raras como privilegiadas las personas que poseen la suerte de cultivarla. Entre grandes artistas de los últimos siglos, además de H. Rousseau (1844-1910), pienso en Van Gogh (1853-1890), Matisse (1869-1954) o Brancusi (1876-1957). En el contexto de Andalucía se encuentra en Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez (1881-1958) o, en Málaga -patria adoptiva de Maribel Alonso desde los cinco años, nacida en Santander-, Las cosas del campo, del antequerano José Antonio Muñoz Rojas (1909-2009).
Maribel Alonso descubrió su vocación en la década de 1980. Y no sólo se ha dedicado a pintar lienzos, también ha pintado cajas de maderas, paraguas, abanicos… ¿Acaso no se trata de poetizar, maravillar la vida cotidiana? Sospecho que con ello opera la alquimia del arte, hechizando con formas y colores, encantando objetos que le rodean ante el progresivo desencantamiento de la tecno-ciencia y la modernidad.

Otro de sus temas es la pintura dentro de la pintura (metapintura), habitual en sus interiores. ¿Qué es la pintura para que nos permita asomarnos de otro modo al mundo y a nuestro interior? Se aprecia en ese homenaje al cine que es Se rueda, donde en lugar de pinturas observamos fotogramas de clásicos del cine: Chaplin, Casablanca, Con la muerte en los talones, Mary Poppins, Memorias de África…
En sus interiores, llenos de detalles, acostumbran a aparecer libros o cartas abiertas que despiertan la curiosidad del espectador: si pudiéramos leerlos, ¿podríamos conocer lo que pasó? ¿Acaso nos salvaría esa comprensión? Pero no alcanzamos a descifrar los signos. En otras pinturas emplea otro procedimiento, salvando las diferencias, similar al de grandes maestros de la pintura (Tiziano, Velázquez, Vermeer…): consiste en representar un paño o tela, como si se descorriera y apareciera de repente la realidad, tal como apreciamos en Es una ilusión o Desvistiendo el campo, ambas de 2012.

El uso de los colores intensos y vívidos característicos de su estilo se advierte más claramente en piezas como Mar de fondo (2020), Ocho gallinas (2020), Mariposas (2022), Flores (2025) o De color (2025). Antes de concluir no me resisto a comentar brevemente dos de las que tengo para mí como obras maestras suyas: La flor perdida (2010), paisaje que me recuerda a Klimt y a Schiele, con una sobria paleta de colores que contrasta con la flor roja a la que apunta el título.


Y, por último, Sigue, sigue (2012), que tal vez sea un ejercicio espiritual con el que la pintora se interpela a sí misma como filosofía de vida y, por analogía, al espectador: a pesar de la sensación de absurdo ante la repetición del esfuerzo inútil, hay que seguir. ¿Qué es la vida sino esa persistencia, esa perseverancia, bajo la cual aletea la esperanza? Esta pieza evoca el mito de Sísifo, cuya interpretación de Albert Camus es la que prefiero: “El esfuerzo para llegar a las cimas basta para llenar el corazón de una persona”.

Sebastián Gámez Millán
Datos útiles
Realismo mágico
Maribel Alonso
Sala de Exposiciones del MAD (C./ Diego Ponce, 12, Antequera, Málaga).
Hasta el 20 de septiembre







