Sandro Botticelli, un pintor dividido y atormentado

NACIMIENTO-DE-VENUS.jpg

Este año se han cumplido quinientos setenta años del nacimiento del pintor florentino. A pesar de que en su época fue considerado uno de los mejores pintores del quattrocentro italiano, su fama fue decayendo hasta que a principios del XIX su figura fue rescatada de nuevo. El nacimiento de Venus y La primavera, dos de los grandes iconos del Renacimiento italiano, a veces eclipsan otras facetas del pintor, la de retratista, pintor religioso o dibujante

Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, apodado Sandro Botticelli (Florencia, 1445-1510), fue el pintor favorito de la Corte de Lorenzo de Médicis, en un momento de fundamental importancia para el florecimiento de las artes en la Florencia del siglo XV, conocido como la “Edad de Oro florentina”. Pero el pintor también vivió momentos convulsos como los que propició las prédicas del monje dominico Girolamo Savonarola (las “quemas de las vanidades”), toda una crítica al poder bajo un enfoque religioso y moral.

Autorretrato de Bottilleli. Arriba, El nacimiento de Venus.

Autorretrato de Bottilleli, un detalle del óleo de la Adoración de los Reyes Magos, 1475. Arriba, El nacimiento de Venus, 1484. Ambas obras en la Galería de los Uffizi, Florencia.

En el mismo año del nacimiento de Botticelli, Domenico Veneziano acababa de concluir la maravillosa Conversación para la iglesia de Santa María de Magnoli y Fra Angelico, los frescos del convento de San Marcos. El apodo de Botticelli puede deberse a su robusta constitución, o a que uno de sus hermanos fuera orfebre (batigello en florentino) o como cuenta Vasari, su padre, disgustado por el nulo interés de su hijo por el estudio, lo metió de aprendiz en el taller de un amigo suyo orfebre.

Gracias a las buenas relaciones entre su familia y la de los Vespucci, que eran vecinos de la familia de los Filipepi, Sandro pudo entrar como aprendiz en el taller que Filippo Lippi tenía en Prato en 1464, el mismo año que moría el patriarca de los Médicis, Cosme. Tanto se aplicó el joven Sandro en la tarea de pintor, que a los tres años logró entrar en el taller de uno de los grandes pintores de la ciudad, Verrocchio, y muy poco después, alrededor de 1470, ya tenía su propio taller (botega). En ese mismo año pintó su famosa Fortaleza para el Tribunal de la Mercanzia de Florencia, que forma parte de la serie las Virtudes.

Retrato de Simonetta Vespucci.

Retrato de Simonetta Vespucci, 1480, Museo Städel, Fráncfort.

Entre sus obras de comienzos de la década de 1470 destaca la pintura de tema religioso la Historia de Judit o las dos Adoración de los Reyes Magos (ahora en Londres). En 1475 incluye su propio retrato en uno de sus cuadros más célebres, Adoración de los Reyes Magos (Palacio de los Uffizi, Florencia). Junto a su propio autorretrato también están representados muchos miembros de la familia Médicis y otros destacados personajes de su corte, como Gaspare di Zanobi del Lama.

Adoración de los Reyes Magos, Galería de los Uffizi, Florencia.

Adoración de los Reyes Magos, 1475, Galería de los Uffizi, Florencia.

A principios de la década de 1480 recibe uno de los encargos más importantes fuera de Florencia, participar en la Capilla Sixtina. Gracias a las buenas relaciones que se habían establecido entre el Papa y los Médicis, una nutrida representación de artistas florentinos fueron llamados a pintar al fresco las paredes de la nueva Capella Magna Palatti Apostolici, entre ellos, además de Sandro Botticelli estaban Pietro Perugino, Cosimo Rosselli y Domenico Ghirlandaio.

Aunque los pintores se habían comprometido a terminar el trabajo para el 15 de marzo de 1482, hubo que esperar hasta octubre del mismo año para poder contemplar las diez historias enfrentadas del Antiguo Testamento. A Botticelli le correspondió pintar algunos de los episodios más representativos del paralelismo de Moisés y de Cristo, en concreto las pruebas de Moisés y de Cristo.

Una de las escenas de Nastagio degli Onesti, Museo del Prado, Madrid.

Escena tercera de la obra Nastagio degli Onesti, 1483, Museo del Prado, Madrid.

Al año siguiente, realiza la historia de Nastagio degli Onesti (hoy en el Museo del Prado), con la que se celebra la boda de Gianozzo Puci y Lucrecia Binni, como queda patente por la representación en el lienzo de los escudos de las dos familias. Este cuadro es interesante porque confirma que Sandro participó también en el mercado de la decoración de los cassoni matrimoniales.

La primavera.

La primavera, 1480-81, Galería de los Uffizi, Florencia.

En estas mismas fechas realiza algunos de sus cuadros más famosos: La primavera, El nacimiento de Venus, Venus y Marte o Palas y el centauro. Vasari describe así las dos primeras obras, “el Nacimiento de Venus que llega a la tierra con los amorcillos, empujada por las brisas, y el otro también una Venus en compañía de las Gracias, que arrojan flores como símbolo de la primavera”.

Se trata, en realidad, como afirmó Matteo Mancini en un artículo publicado en el número 55 de DESCUBRIR EL ARTE  “del conjunto de obras que podrían definirse como mitologías neoplatónicas y que se han convertido en verdaderos iconos, capaces de ilustrar, junto a otras pocas obras más de otros autores, lo que podemos considerar como la síntesis estético-figurativa del alma del Renacimiento”.

Venus y Marte.

Venus y Marte, 1483, National Gallery, Londres.

Su obra La Calumnia, probablemente realizada en 1494, es considerada por muchos críticos como el punto de referencia para entender el desarrollo de la llamada crisis o involución de los años tardíos de Botticelli. En esta “obra las dudas sobre el neoplatonismo del pintor toman forma figurativa”, según Mancini.

Al año siguiente, Sandro Botticelli empieza a dibujar las ilustraciones que hizo para la Divina Comedia de Dante, un encargo de Pierfrancesco de Médicis, un hecho que confirma que a pesar de sus nuevas convicciones ideológicas motivadas por las predicaciones de Savonarola, seguía siendo un pintor de éxito que contaba con el favor de la familia más poderosa de la ciudad.

El mapa del infierno, dibujo para La divina comedia de Dante.

El mapa del infierno, dibujo para La divina comedia de Dante.

En 1498, año en que Savonarola fue quemado en la hoguera, Botticelli seguía trabajando para los Vespucci en la decoración de la nueva casa familiar en la vía Servi. Dos años después comienza a pintar unas obras que sobresalen por su extraordinaria modernidad, las Historias de san Cenobio, un óleo en el que el espacio se convierte en el principal instrumento de negación de los equilibrios renacentistas. Este mismo aspecto lo vuelve a repetir en La Natividad, una obra que tiene una gran carga de misticismo religioso. Según Matteo Mancini, “bajo una aparente y sospechosa recuperación de motivos formales de origen medieval, nos encontramos con una verdadera declaración a favor de la Renovatio de Savonarola”.

Este dramatismo místico se trasluce solo en sus óleos porque siguió disfrutando del prestigio social, como lo prueba el hecho de que Botticelli participase en la comisión que debía elegir la ubicación del David de Miguel Ángel junto a artistas como Leonardo da Vinci, Filippino Lippi, Giuliano da Sangallo y Cosimo Rossell.

Filippino Lippi.

Autorretrato de Filippino Lippi, 1481-82, en un fresco en la Capilla de Santa Maria del Carmine, Florencia.

El 17 de mayo de 1510 muere en la ciudad de Florencia Sandro Botticelli. Ese mismo año, los jóvenes artistas Rafael y Miguel Ángel (este último en la misma Capilla Sixtina donde Sandro trabajara treinta treinta años antes) “asombran a Roma y al Papa y trasladan allí la capitalidad artística de Europa (…). Con la prematura muerte del discípulo de Sandro, Filippino Lippi, éste sí preparado para la transición al lenguaje moderno, se apaga la rama dolce del Quattrocento florentino”, como escribía Francisco J.R. Chaparro en un artículo publicado en el número 130 de Descubrir el Arte.

Historias de san Zenobio.

Bautismo de san Cenobio y nombramiento como obispo, h. 1500-1505, National Gallery, Londres.

A partir de ahí, su genio, que había brillado en la Florencia de Lorenzo el Magnífico, se fue apagando hasta casi desaparecer. O quizá sea más preciso afirmar que como no se podía borrar de la historia de Florencia, debido a la importancia de sus pinturas, era mejor reescribir su biografía ocultando sus obras más incómodas y, en cambio, ensalzar las glorias de un pintor dinámico, engañado por el monje Savonarola: la literatura al servicio del poder, de esto se encargó Vasari en 1550.

Crucifixión mística.

Crucifixión mística, h. 1490, National Gallery, Londres.

Después de un olvido centenario, es recuperado para el gusto moderno a raíz de una exposición de sus pinturas en la Galería de los Uffizi a principios del siglo XIX. Pero todavía queda pendiente rehabilitar la integridad y la coherencia de Botticeli. El Botticelli que utiliza las imágenes para hablar a sus coetáneos, como en una de sus obras más extremas, la Crucifixión mística, un pintura que muestra a Cristo en la cruz, donde el pintor cambia el Gólgota por Florencia, descrita con una precisión casi topográfica. Con este lienzo Sandro gritó a sus conciudadanos que la sangre de Cristo estaba derramándose a las puertas mismas de sus casas.

 

 

 

One thought on “Sandro Botticelli, un pintor dividido y atormentado”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*