El arte islámico triunfa en Florencia

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El Museo Nacional Bargello y la Galería Uffizi acogen hasta el 23 de septiembre sendas exposiciones sobre arte y coleccionismo islámicos desde los Médici al siglo XX. Las muestras analizan el papel que jugó la capital de la Toscana en el intercambio religioso y cultural entre Oriente y Occidente

La civilización surgida de la predicación de Mahoma en el siglo VII, una de las principales de la historia de la humanidad, ahora resplandece en el interior de los vetustos muros del Bargello y de los Uffizi, gracias al resultado de una extraordinaria investigación, estudio, intercambio, diálogo e influjo entre las artes de Occidente y Oriente. Para ello, un comité científico internacional se ha empleado a todo ritmo en seleccionar las obras y contribuir al catálogo de la exposición, con profundos ensayos de investigaciones científicas e históricas que esclarecen el importantísimo papel de Florencia en los intercambios religiosos y culturales entre el siglo XV e inicios del XX. Todo ello queda ilustrado en la lujosa doble exhibición comisariada por Giovanni Curatola.

Así pues, el arte islámico en todas sus facetas con sus extraordinarias alfombras, las vasijas “a la alzimina”–-una técnica especial de elaboración de los metales para obtener la decoración policromada– los vidrios esmaltados, los cristales de roca, los marfiles, las lozas doradas* –aquéllas procedentes del islam occidental, o sea España, llamadas en Italia  “majolica”, un término tomado del último puerto de salida, Mallorca–… en fin, todo lo que correspondía a un universo de ensueño… y que no  podía faltar en ese valioso cofre inagotable que es Florencia.

Sobre estas líneas, quemador de incienso metálico esférico de dos válvulas, Florencia, Museo Nacional del Bargello. Arriba, cofre de marfil de la España omeya.

De hecho, la capital toscana custodia una importantísima colección de arte islámico, alrededor de 3.300 piezas generosamente donadas en 1889 por el anticuario de Lion, Louis Carrand, al Museo Nacional del Bargello, considerado ya entonces entre los principales museos de Europa. Indudablemente, nos referimos a  un núcleo de obras de envidiable importancia.

Lámpara mameluca en vidrio, Turín, Museo de Arte Oriental.

Cabe recordar que la Sala Islámica en el Bargello se abrió en 1982 por Marco Spallanzoni y Giovanni Curatola, donde montaron las mejores piezas islámicas en diálogo con Donatello y las obras maestras de la estatuaria del Renacimiento.

El contenido de la actual exposición se articula en dos prestigiosas sedes: el Bargello despliega un período fundamental de investigaciones, coleccionismo y montajes museales desde finales del XIX a principios del XX, con obras de la ya citada donación Carrand y del otro gran coleccionista inglés, Frederick Stibbert, así como con las de los toscanos Stefano Bardini y Giulio Franchetti. Porque en aquellos años en Florencia abundaban importantes compradores, italianos y extranjeros, directores de museos, comisarios y estudiosos, desde Wilhelm von Bode a Bernard Berenson, grandes conocedores del arte islámico.

Azulejo de brillo metálico de producción persa, Florencia, Museo Nacional del Bargello.

Y así, en aquel ambiente cultural y gracias a la clarividencia de grandes directores del Bargello, como el legendario Igino Benvenuto Supino, fue como llegó a formarse una de las más ricas colecciones de artes decorativas del mundo, cuando el islam no estaba considerado para nada periférico.

Por su lado, en la otra sede expositiva, los Uffizi, se han aunado los testimonios artísticos, fruto de los contactos entre Oriente y Occidente, sus sugerencias (a partir de los caracteres árabes de las aureolas de la Virgen y san José en la Adoración de los Magos de Gentile da Fabriano), las imágenes de la serie de retratos realizada por Cristofano del Altísimo, los preciosos ejemplares de la elaboración de metales, las cerámicas orientales o las hispanomoriscas con escudos nobiliarios florentinos.

Lujosos tejidos y grandes alfombras procedentes del Egipto mameluco de finales del siglo XV o inicios del XVI, incluidos en las colecciones granducales medíceas, los vidrios, los metales, que han marcado una coeva producción italiana, además de los espléndidos manuscritos miniados  (entre los cuales resaltan las páginas del más antiguo manuscrito, datado en 1217, del Libro de los Reyes del persa Firdusi, propiedad de la Biblioteca Nacional) y los ejemplares orientales, raros por su antigüedad y procedencia, de la Biblioteca medícea Laurenziana, se alinean en un recorrido espectacular, variado y encantador durante siglos de intercambio y sincretismo, enriquecido ulteriormente por préstamos de museos italianos y extranjeros.

Alfombra mameluca circular, Doha, Museo de Arte Islámico.

Galería Nacional de Urbino

Y corroborando el triunfo del arte islámico en Italia, la Galería Nacional de Urbino abre en la misma fecha  –subrayando una coincidencia estratégica con los museos florentinos– la exposición dedicada a las Marcas y al Arte Islámico, referida a la región de Urbino, que también se distinguió por “su” Renacimiento.

*La Loza dorada o de reflejos metálicos, es un tipo de decoración esmaltada con efectos iridiscentes producidos por los óxidos metálicos aplicados en una tercera cocción sobre un esmalte ya cocido.

Iniciada en la Mesopotamia musulmana, la loza dorada se desarrolló también en el norte de África y en la península ibérica. Cierta leyenda atribuye a los últimos alfareros de Marruecos y del levante español la posesión de su fórmula secreta. En España, identificada con la loza morisca, tuvo su mayor foco de producción en la zona del Levante, desde la cerámica aragonesa de los alarifes mudéjares de Muel hasta el gran emporio de Manises.

Carmen del VANDO BLANCO

Alfombra persa llamada Capponi Bardini (siglo XVI), Nueva York, Museo de Arte Metropolitano.

 

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