Cosechando nuevos futuros

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Federico García Trujillo ha sido el encargado de inaugurar un nuevo programa, “Who the f*** is…?, en la galería Lucía Mendoza. Una iniciativa que nace con la idea de apoyar y difundir el trabajo de artistas jóvenes nacionales e internacionales que tengan un lenguaje artístico sólido

¿Cómo será el mercado del arte en España dentro de treinta años? ¿Quiénes serán los artistas de referencia de nuestro país? ¿En manos de quién estarán las colecciones más prestigiosas a nivel nacional? El futuro que tengamos siempre será el resultado del presente que cosechemos. Y empezando a cosechar en una nueva línea de oportunidades a los más jóvenes está la galería Lucía Mendoza, que el pasado mayo ha lanzado el programa “Who the f*** is…?”.

Sobre estas líneas, Sat-008, 2019, óleo sobre lino, 22 x 16-cm. Arriba,, Pamplona meetings over a 70s Spanish Square, 2019, óleo sobre lino, 2 x 35 cm.

El programa “nace de la necesidad de dar a conocer la obra de artistas jóvenes con un lenguaje artístico sólido y cuya proyección hacia el espectador es limitada y de difícil acceso” en palabras de la propia galerista, Lucía Mendoza. Con esta iniciativa pretende apoyar y difundir el trabajo de artistas jóvenes contemporáneos poniéndolos en contacto con el tejido cultural y contribuyendo al desarrollo de sus carreras, más específicamente y como ella misma dice, quieren “ofrecer visibilidad a jóvenes creadores nacionales e internacionales, que no cuentan con representación en espacios y galerías de Madrid y que realizan un discurso que encaja con los criterios que definen la identidad de la galería”.

Un programa que se llevará a cabo cada mes de mayo y que ha dado comienzo con una pequeña retrospectiva del artista canario Federico García Trujillo bajo el nombre Futuros cancelados.

The Morandi’s Art Lovers, 2018, óleo sobre lino, 14 x 170 cm.

La exposición arranca con una fotografía del Pabellón de la República española que nos lleva a 2014, año en el que Federico presentaba su proyecto final de máster con el que, como él mismo explica, “quise recordar el último momento histórico en el que se sentía cierta euforia”.  Una propuesta en la que el canario trabajaba en torno a la idea de proyecto español que se respiraba y cómo él mismo la sentía.

Pero volvamos a la euforia. Según el diccionario de la RAE, una de sus acepciones, es “entusiasmo o alegría intensos, con tendencia al optimismo”. ¿Cuántos momentos de euforia en el panorama español recordáis? Federico rescata a lo largo de su trabajo varios de estos momentos, un aspecto que tal vez termine convirtiéndose en una de sus señas de identidad. Así lo demuestra otra de sus series que se pueden ver en la exposición y que están dedicadas al proyecto “Instan city” que se llevó a cabo en Ibiza en 1971, en el marco del Congreso de DiseñoDICSIC. A través de la pintura, el artista canario recupera desde una mirada documental ese hito cultural, que también supuso un momento de euforia.

Sat 007, 2019, óleo sobre lino, 22 x 16 cm.

No obstante, la euforia no siempre tiene una connotación positiva. En algunos casos esta “funciona como la pastilla de una noche”, como explica Federico. De alguna manera se puede llegar a relacionar con la sensación que para algunos en ciertos momentos supone el consumo de ansiolíticos, ese consumo que en España es cada vez mayor. Este tipo de relación eufórica también es recogida por el artista, en obras como Breakup Pills or Mother’s Little Helper (2019), en una evolución de su trabajo que pasa del lenguaje documental a la exploración de lo digital a través de formas tradicionales como la pintura.

¿No es cierta euforia lo que sentimos todos con las redes sociales? Una euforia simulada que lleva a generar expectativas, ritmos, exigencias de la vida falsas. Lo cual también repercute en los artistas, y de una manera muy negativa. Como dice Lucía Mendoza, hoy en día  “el problema es más que los artistas producen en torno a lo que el mercado demanda”, no en torno a lo que sienten, creen o quieren. Así vamos todos y así van los artistas, pensando en qué es lo que se está vendiendo, lo que se está demandando, incluso qué es lo que se puede vender mejor. Al hilo de estas cuestiones, Federico presenta en la galería otra de sus series que está planteada desde una mirada estético-económica, en la que se unen las leyes de ambas para convertirse en un producto fácilmente vendible.

Rothko glitch over Morandi’s still life, 2018, óleo sobre lino, 114 x 150, cm.

Vendible o no, lo que encontraremos en esta exposición es la base de una buena cosecha en la que a través de una selección de obras se nos muestran las pinceladas, puntos de unión y consistente evolución del joven artista canario.

Tendremos que esperar hasta el próximo mes de mayo para conocer la obra de otro artista, pero la semilla de un programa de exposiciones que mira hacia el arte de nuestro futuro ya está sembrada.

Marina P. VILLARREAL

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